15 oct. 2009

Cuarto Creciente. IX: "Hora de despertar"

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Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Summary: Secuela de Solsticio. Bella ahora es vampira y eso parece una complicación para su amor con Jacob, ¿podrán superarlo?, ¿qué pasa con la imprimación? Bella/Jacob.
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Cuarto Creciente
Libro II: Jacob


Capítulo IX. Hora de despertar.

Toqué la puerta con el corazón en un puño. Me aterraba la figura que pudiera aparecerse frente a mí.

-Chucho –susurraron desde adentro. Exhalé aire y traté de relajar mis músculos que estaban tensándose sólo de estar ahí parado. El olor dulzón de los vampiros se respiraba por todas partes.

El umbral de la puerta era oscuro. Era un día nublado y frío. Al menos, ya no nevaba, como la última vez que había pisado esa casa.

La puerta se entreabrió permitiendo al chupasangre salir. Tal vez de todos los Cullen él era quien menos me simpatizaba, no estaba seguro de la razón, pero así era.

-Jacob –musitó –hola. Soy Edward.
-Lo sé. –susurré. Los músculos de mis brazos se habían tensado más en lugar de relajarse.
-Puedes relajar la postura, nadie atacará.
-Ya quisiera yo poder –susurré con voz grave.
-Si es así, no puedo permitirte ver a Bella. –colocó una mano en la puerta como si se fuese a devolver al interior de la casa. No dejé que girara la manilla cuando ya tenía una mano sobre su hombro. Él se movió deshaciéndose de mi agarre, probablemente asqueado o alarmado por mi piel hirviente.
-Necesito verla.
-Necesitamos que te controles frente a ella.

Sonreí amargamente.

-Créeme que no le haría más daño del que ya le he hecho.

Edward asintió con la cabeza, miró a mis espaldas como si verificara que hubiese venido solo. No le había dicho a nadie que venía, pero tenía la sensación de que más de un par de ojos me observaban.

Seguí con mi mirada la línea que observaba Edward y alcancé a ver un pelaje gris y otro color arena.

-Son amigos –susurré.

Edward se dio la vuelta y entreabrió la puerta una vez más. No mencionó palabra, y adentro parecían haber tenido ya el plan armado.

Una mano blanca y elegante sostuvo la puerta, Edward entró y se asomó una chica rubia y alta: Rosalie. Recordaba cómo había gritado el día que había llevado a Bella allí. Tal vez fuera la más razonable de todos. No me atrevía a mirarla a los ojos, sentía que ellos me acusarían, porque sus gritos eran advertencias. Advertencias que yo no quise escuchar.

-¿Dónde está Bella?
-Ya viene. Necesita prepararse –dijo en un tono suave, uno que me hacía recordar a mi madre.

La puerta estaba casi cerrada. El brazo izquierdo de Rosalie se encontraba dentro de la casa y el resto de su cuerpo afuera.

No sé exactamente cómo lo supe, o cómo podía seguir distinguiendo su olor cuando debía haber cambiado tanto, pero la olía, casi sentía cómo le rozaba el brazo a la rubia para indicarle que ya estaba lista. Rosalie movió su brazo para abrir la puerta y dejar a la vista a Bella.

Mi corazón dejó de palpitar durante unos segundos que parecieron eternos. Cuando la sangre volvió a circular, lo hizo con fuerza, sentía que mi corazón se iba a desbocar de su lugar. No, no…

No sabía si era capaz de continuar. Sentía mi alma en mis pies, como si yo mismo la estuviese pisoteando.

Bella dio un paso adelante y se dejó caer en las escaleras de umbral. Rosalie entró a la casa y cerró la puerta a su espalda.

¿Qué he hecho?
¿Qué estoy haciendo?


La Bella de mis recuerdos era hermosa, una diosa de carne y hueso. Con sus mejillas sonrosadas por la sangre acumulada ahí. Su corazón se desbocaba al verme y me sonreía como si fuera la última vez que me vería.

La Bella de ese día era toda distinta. No podía negar su hermosura, parecía una diosa tallada en piedra, pero su cuerpo se veía rígido y frío, sus mejillas tan pálidas como el resto de su cuerpo. Sus labios también. No había un punto de color en su piel. Su corazón, no latía…

Tuve que cerrar los ojos y esperar a despertarme gritando, pero no. Estaba despierto, frente a Bella.

Tragué en seco y exhalé aire. Fue mágico para mí escuchar cómo ella aún respiraba, creo que lo hacía más que cuando era humana.

-Jake –musitó.

No tenía valor para abrir los ojos, no me atrevía a mirarla y no encontrar sus ojos chocolate. No podía.

-¡JAKE! –gritó.

Abrí los ojos de golpe. Su rostro estaba justo frente al mío. Sus ojos eran dorados –el mejor color que podía haber encontrado en ellos –y me miraban fijamente.

Su mano se apoyó en mi mejilla. Las aletas de mi nariz se dilataron al sentir el gélido roce y mi piel se erizó. El instinto me decía que ella era mi enemiga, pero mi corazón y mi alma parecieron encontrar nuevamente su lugar cuando sentí su piel sobre la mía.

-Bella –musité. Mi voz salió ronca, gutural. Como si llevara una semana sin hablar. Tal vez porque no había pronunciado su nombre en mucho tiempo, y si lo había hecho no había sido con facilidad -¡Bella! –repetí elevando la voz.

La tenía frente a frente. Su aliento rozaba mi cara, Bella Swan estaba conmigo y nadie me podía decir que no era así.

Pensé que a partir de ese momento, no resistiría. Que mis piernas cederían y caería al suelo. Pero no. Ahí estaba yo, de pie, frente a ella, sin saber qué hacer.

-Tengo tanto que decirte –sus labios se movían con gracia pero su boca emitía un sonido parecido a las campanillas que me parecía irreconocible.

Mi boca no hallaba la forma de abrirse y emitir un sonido, mis brazos no hallaban la forma de moverse y envolverla entre ellos.

Aquellos ojos dorados no eran la mirada chocolate de la que yo me había imprimado. Pero había algo en ellos que me decían «Soy yo, tu Bella Swan»

Aquellos ojos dorados brillaban como nunca el sol lo había hecho. Me parecía que el sol se había ocultado aquel dieciséis de diciembre. Que la nieve lo había extinguido. El sol parecía haberse ido en un eclipse total, pero sus rayos parecían estar brillando ese día, aquel diecisiete de febrero.

-Te amo, Jake.

En ese momento los débiles rayos de sol, de mi sol, brillaron con fuerza. Y lo hizo también el gran astro celeste, la luz incidió en su piel y reflejó el brillo de diez mil diamantes a la vez, la piel que muchas veces había querido exterminar, la piel que había visto a mi manada quemar…la piel que hoy quería abrazar.

Susurró esas palabras y sus ojos dejaron caer dos lágrimas gruesas. Yo mismo lo vi y me parecía imposible creerlo.

Los vampiros no lloran. Me dije para mis adentros. Mi inconsciente era capaz de traicionarme y hacerme creer que ella lloraba.

-¡JAKE! –gritó y las lágrimas cayeron a montones.

Por inercia el dorso de mi mano se movió hacia sus mejillas y comenzó a secar su llanto. Mis dedos bajaron a su cuello y se dirigieron a su cabello, acercando su rostro a mi pecho. Allí, ella halló el lugar que necesitaba. Sus brazos me rodearon y los míos hicieron lo mismo.

Apoyé mis labios en sus finos cabellos y comencé a besarla en la coronilla. Sus lágrimas me estaban empapando.

-Bella, ¿qué tienes?
-Nada –musitó mirando al horizonte.
-¡Isabella, habla! –sabía que odiaba ese nombre y que eso la haría hablar.
-Me voy Jake. –susurró con voz queda.
-¿Qué? –pregunté incrédulo.

Era la hora del crepúsculo, su hora favorita. Cuando el sol yace en lo bajo del cielo y hace el mar brillar con tonos anaranjados. Las olas y su cabello se movían al son del viento. Llevaba dos coletas y un suéter azul dos tallas más que ella.

Bella no contestaba y seguía observando el sol ocultarse cada vez más.

-¿A dónde vas? –Di dos pequeños pasos para quedar parado junto a ella. Éramos pequeños, ella tenía diez años y yo tan sólo nueve. -¡Bella! –tuve que gritarle para que reaccionara.

Sus ojos chocolate me miraron. Estaban húmedos, con las lágrimas agolpadas en ellos.

Se levantó de la arena y se colgó a mi cuello. En ese entonces era casi tan bajo como ella, pero siempre que me quería abrazar se colgaba a mí.

Enterró su cabeza en mi suéter, había sido un regalo de Charlie en Navidad.

-Mi mamá me lleva a Phoenix.
-¿Y dónde es eso? –pregunté.
-Lejos –fue todo lo que dijo.

No reaccioné. Bella comenzó a llorar humedeciendo el suéter con sus lágrimas. Yo quería llorar junto a ella, porque no quería que se fuera. Mi madre acababa de morir, y Bella era mi mejor amiga. La única que tenía.

Aquel día no lloré, debía ser fuerte para Bella. Debía demostrarle que todo estaría bien. Pero esta vez no podía ser fuerte, porque me sentía demasiado débil, demasiado frágil.

Sus lágrimas estaban heladas y las mías cayeron a su cabello como agua hirviendo.

Duramos así un buen tiempo, no quise contarlo ni dejar de hacerlo, porque quería disfrutarlo como aquel día en que me dijo que se iría. Recuerdo que dormí con ese suéter durante una semana, sentía que era ella en alguna forma.

Rebecca y Rachel me tenían que recordar frecuentemente que ella no había muerto, que vendría en vacaciones y navidades. Pero yo no lo entendía, al principio también habían tratado de ocultarme la muerte de mi madre, no estaba seguro de cuál era la diferencia entre las dos pérdidas.

Siete años después mi padre me había dicho que Bella volvería. No le quise creer, el viejo siempre decía eso con Rachel, también lo decía con Rebecca. ¿Por qué iba a creerle?

Así había pasado mi infancia y mi adolescencia, una pérdida tras otra. Y cuando tuve a Bella de vuelta, la perdí.

Aquel día la estaba recuperando, al menos una parte de ella.

No me atrevía a buscar explicaciones de por qué lloraba o cómo lo hacía. Acaricié su cabello y separé su rostro de mi pecho. Tomé su barbilla entre mi mano derecha y dirigí mis labios a las lágrimas heladas de su rostro.

Las saboreé, las bebí y las tragué. Los vampiros no lloran, Bella sí.

-No, Jake –dijo en tono muy bajo –son ponzoña.
-No me hará nada, amor.
-Puedes morir.
-No así, no así.

Besé sus ojos que ahora estaban cerrados.

Bella se paró en la puntilla de sus pies y me besó en la frente. Bajó sus labios y los posó en mi mejilla izquierda.

-Te amo tanto, Jake.

Me besó allí y luego en la comisura de mis labios, haciendo mi cuerpo vibrar. Extrañaba tanto su roce, su piel, su olor. Todo de ella.

-¿Cómo hueles tan bien, sanguijuela?
-No lo sé, ¿cómo lo haces tú, perro?
-Ah no… yo pregunté primero.

La apreté a mí. No quería dejarla ir. Nunca jamás.

-o-

-Hora de despertar.

Abrí los ojos poco a poco. Me parecía que había dormido al menos veinte horas seguidas.

-¿Cuánto dormí? –mi voz estaba ronca así que me aclaré la garganta y observé a Rachel moverse de un lado a otro con la escoba.
-No sé a qué hora te acostaste –se encogió de hombros.

Me levanté de la cama e hice lo típico. Tomar una ducha, cepillarme los dientes y comerme el desayuno.

Billy entró a la casa empujado por Paul, que ni me saludó, ni me importó.

-Seth y Leah te andaban buscando hijo.

Tomé un pan tostado que Rachel le ofrecía a Paul, le di un mordisco en su cara y salí de la casa trotando.

-¡Ya verás, Black! –gritó Paul.
-Déjalo –le recriminó Rachel –está feliz.

No había dado diez pasos en el terreno de La Push cuando vi a Leah hacerme señas. Caminé a dónde estaba, acompañada por su hermano.

-Gracias, chicos –dije antes de que ellos hablaran.
-No fue nada, Alpha –dijo Seth en una sonrisa.
-Creí que podía ir solo…
-Crees demasiadas cosas
-Cierto –coincidí con Leah.
-¿Y…qué dices?
-¿Sobre qué?
-¿No extrañas correr?

Sentir el viento azotar mi pelaje. El cual debía estar más largo, tal como mi cabello humano, no me lo había cortado, no había estado atento a ese detalle.

-Claro.

Leah se escondió detrás de un árbol y alcancé a ver algo de su figura antes de que entrara en fase y se adentrara al bosque. Seth y yo nos desaparecimos al mismo tiempo y en un segundo estábamos tras Leah.

Eres lento Black.
Hoy sí.


Tenía ganas de correr, pero de hacerlo de verdad. De sentir cada ráfaga de viento en mí. De oler el bosque a mi alrededor, de escuchar a Seth y a Leah en mi cabeza, de sentir que era la primera vez que entraba en fase.

Aquel día era especial. Casi podría decir que un despertar.

Todo se veía con tanta nitidez. No había una marca en el bosque que no pudiera distinguir.

Era eso, un despertar. Ayer había visto a Bella, la había tenido en mis brazos, la había visto llorar, la había sentido hacerlo, en mi pecho. Me había dicho que me amaba y yo no había podido hacer lo mismo.

El viento me golpeaba.

¿Por qué no la besaste? Preguntó Seth mentalmente.
Eres lento Black. Repitió Leah, esta vez con otro sentido.
Lento no, tonto.
Idiota.
De acuerdo, el mayor del mundo.

Reí y por primera vez en mucho tiempo, mi corazón no dolió al hacerlo.

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Hola, sé que es día de Isabella Decide Amar, de hecho, sé que era ayer, pero no me sentí inspirada y escribí esto. Tal vez se imaginaban un encuentro diferente, pero les puedo prometer que no es el último.

Les agradecería mucho sus comentarios, como siempre.

9 comentarios:

  1. AHH!! A mi me parecio perfecto Robin. La verdad es que si has estado muy desaparecida... pero te adoro!! y no te imaginas cuanto te amo!!

    Adore como Bella lloro en su pecho... las lagrimas llegaron al teclado... lo adore amiga... en serio y de verdad que lo adore!!! TE AMO!!

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  2. hola nena
    por favor no dejes de
    escribir ISABELLA DECIDE AMAR
    estoy muy enganchada y me encanta
    como va la historia porfavor
    eres excelente

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  3. Hola mi Robin,

    Esta es mi historia favorita y me parecio el encuentro perfectro para ellos, no podia ser diferente, son demasiados sentimientos encontrados como para que pudiese ser diferente.

    Me encanta mi chiquita..

    Besitos.

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  4. OH MY GOOD!!!!!!!
    Fue PERFECTO, no tienes una idea de lo mucho que me encanto este capitulo, entre para ver k habia de nuevo y me tienes esta super sorpresa.
    GRACIAS!!!!! por compartir tu talento con nosotras.
    Cuidate mucho y espero el proximo encuentro jijijiji

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  5. D:
    OMG!
    jaja no me esperaba esoo!!!
    me encantaa tu historiaxD
    & aora si ya puedo decir qe subas un capitulo pronto para leerlo atiempo:P
    jaja
    sabes comoxD??
    jaja ya qiero saber maasxD
    & no nos dejes muchoo tiempo con las ancias pleasee!!
    besos♥

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  6. Hay, que lindo encuentro!
    Me super asusté cuando leí "hora de levantarse"! Pensé que había sido un sueño! que lindo, me encantó! quiero más! que se encuentren, que se encuentren! "Eres lento, Black" XD
    Te adoro, sos espectacular, muchos besos!!!

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  7. dios e de donfesar ke llore y llore mucho cuando se reencuantran jajaj fue tan raro leerlo y pensar ke abra oensado edward pero lo imporatnte es ke el capitulo ya esta y te lo agradesco enormemente GRACIAS!!!!

    BESSOOSS SIGUES ESCRIBIENDO

    BYE T.K.M

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  8. Awwww"!!! Robin stoy lorando cmo una tonta!ª!! :D Cuando montas el siguiente cap????

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  9. Lagrimas que resbalan cual lluvia en los cristales. Fino cristal de la urna del corazón que como fiel custodio guarda tú amor. Ese amor que pones en cada palabra, en cada relato sí esa eres tú . Besotes mile mi Robin

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Robin Wolfe