8 jul. 2009

Encuentro de ensueño, capítulo 2

Disclaimer: Algunos personajes pertenecen a Stephenie Meyer, otros son de mi imaginación y otros son inspirados en mis amigos.
Summary: Mary termina su libro de “Amanecer” y se siente muy deprimida, pero una serie de eventos la harán pensar que la fantasía puede llegar a ser real.
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Capítulo 2. Delirios
Era jueves y tenía biología, probablemente era la materia que más odiaba. Estábamos en el laboratorio y el profesor explicaba el experimento que haríamos, mientras mi mente vagaba por aquel primer encuentro de Bella y Edward, en una clase de esta asignatura. Tal vez yo tendría esa suerte, aunque las probabilidades eran escasas; y escasas por conservar un poco de esperanza... Lo cierto es que era imposible.
Estaba sentada junto a mi mejor amigo, ninguno de los dos prestaba atención a lo que debíamos hacer, pero tampoco me importaba. Jamás usaría la biología para nada.
Comencé a hacer dibujos de corazones en mi cuaderno, y de pronto sentí un cálido roce. Mi corazón se detuvo y dejé de respirar.
- Angie - me llamó Carlos. Me volví a mi lado izquierdo -hay que leer esto para poder hacer el experimento -me extendió una hoja.
- ¿Por qué estás tan caliente? –inquirí
Se río
-Siempre lo estoy - y subió las cejas
Ah, Carlos, mi mejor amigo. ¿Mi sol personal? Carlos podría tener semejanzas con Jacob ¿por qué no? ¿Podría eso incluir la vida de lobo? Sabía que no, pero era maravilloso contar con él para cualquier cosa.
Jamás le había dicho que era mi mejor amigo, porque yo no era su mejor amiga. Me dolió el corazón aquel día que le pregunte si tenía una mejor amiga, cuando su respuesta no incluía mi nombre, tampoco la conocía a ella. Al parecer vivían en el mismo edificio, o era la prima de su prima, no estoy segura no quise entrar en detalles. Él tampoco la nombraba mucho, y cuando lo hacía no se refería a ella como “mi mejor amiga”, eso me haría dudar de su masculinidad; pero no me creía capaz de olvidar su nombre.
Pero nada de eso me importaba, Carlos era mi mejor amigo, porque era casi el único que entendía muchas cosas de mí que otros no, teníamos mucho en común y yo sinceramente lo amaba. Era duro pensar en cuanto lo amaba, sabía que si me dieran a elegir un amigo para pasar el resto de mi vida, mi elección estuviese hecha. Podía imaginarme viviendo sin Vanessa, y sin muchos otros amigos, pero jamás sin Carlos. Pensar en su ausencia me causaba un dolor en el corazón.

Si tuviese que comparar nuestra amistad con la de Jacob y Bella, probablemente yo sería Jacob, quien a un lado espera que él sea feliz con su novia. Pero su novia no tenía punto de comparación con Edward, ella era una arpía, y yo la odiaba profundamente.


Su novia era esa clase de chicas fáciles de odiar: era bonita, arpía y era la novia de mi mejor amigo. El problema no era ése, sino que él era demasiado para ella. Ella era ese tipo de personas odiosas, pero eso era ahora que había comenzado a ser amiga de las más populares. No es que alguna vez hubiésemos sido amigas, pero al menos nos hablábamos, y ahora, no podía evitar voltear los ojos cuando la veía. En cambio mi amigo, era de esas personas que no se quedan quietas, que siempre tienen una sonrisa en la cara y que no pueden evitar gastarte una broma.

El profesor comenzó a pasar por las mesas de trabajo, tomé la hoja que había que leer y comencé
"Anélidos" era el título de la lectura. Comencé a pasar las hojas para ver que tan largo era. Eran 5 páginas de letras que no me interesaban en absoluto. Comencé a leer entre líneas. "los anélidos son un subgrupo de los artrópodos que comprende... Sus características principales... Los anélidos se clasifican en... "
Comencé a leer los subtítulos, a un grupo pertenecían las lombrices, a otro los gusanos de mar y a otro, las sanguijuelas, comencé a leer con más interés, aunque no tenía nada que ver con aquella sanguijuela que yo quería y no podía hacer real.
Terminé el texto y el profesor nos entregó a cada grupo un ejemplo de anélido. A vane le tocó la lombriz de tierra, y a Carlos y a mí, una sanguijuela. Por supuesto, estaba muerta. Pero me comencé a preguntar, si los sapos se convertían en príncipes… ¿las sanguijuelas se convertirían en vampiros? Me daba igual, yo no besaría esa cosa...
Cuando término la clase, nos fuimos al salón, tenía clase de literatura, mi favorita. En realidad, la única que me gustaba.

La profesora nos dio una lista de obras teatrales que nos recomendaba ver o leer. Dijo que la mayoría estaban en película. Las opciones eran Hamlet, Romeo y Julieta, El mercader de Venecia y Sueño de una noche de verano. Descarté Hamlet, porque ya me la había leído, y porque el resto eran obras que se mencionaban en mis libros favoritos. Supuse que Romeo y Julieta sería la elección de la mayoría –lo cual incluía a Vanessa, quien además probablemente sólo vería de nuevo la película –Sueño de una noche de verano, había comenzado a leerlo hacia tiempos sin logar pasar del primer párrafo, así que elegí El mercader de Venecia, aquel libro en el que Alice había dejado una nota, una nota con el doble sentido de que la batalla acabaría de forma pacífica.

Mi papá me fue a buscar al colegio


-Tengo que leerme El mercader de Venecia –fue lo primero que dije cuando estuve dentro del carro
-Creo que está en la casa
-Bueno, era una opción
-¿Y cuáles eran las otras?
-Romeo y Julieta; Hamlet y Sueño de una noche de verano
-Y tú elegiste El mercader de Venecia
-Sí, ¿tú lo leíste?
-No.

Llegamos a la casa y él se fue a trabajar. Estaba sola y eso era bueno, el tiempo sola me permitía pensar.

Me puse a buscar el libro por toda la casa y lo hallé. Comencé a leer inmediatamente, olvidando el resto de tareas que tenía pendientes.

La puerta se abrió.

-Hola –dijo mi hermana
-Hola –dije sin levantar los ojos del libro.
-¿qué lees?
-El mercader de Venecia, es tarea
-Hmmm… creo que no lo he leído
-Qué raro
Mi hermana era de las que habían leído bibliotecas enteras de libros por puro gusto, yo nunca había sido fanática de la lectura. Pero aquella historia de vampiros me había cautivado desde el prefacio, y me había dado el hábito de la lectura que sabía que tenía pero no había encontrado.

-Voy a salir. Hay que comprar pan. ¿Quieres venir?
Pensé mi respuesta.

-De acuerdo –cerré el libro y fui hasta la puerta

En el camino estuvimos hablando de cómo le había ido en la universidad y yo le conté sobre el colegio. Las conversaciones con mi hermana eran muy fluidas, éramos de las pocas hermanas que lograban llevarse bien.

Cuando llegamos a la panadería, estaba cerrada, así que seguimos caminando hasta la siguiente que había en el camino.

El sol se estaba ocultando lentamente, aún quedaba luz natural decorando el cielo en el más hermoso de los crepúsculos. Aquel momento del día en que la noche tomaba posesión, aquel cuyo nombre solía ser atardecer…

Caminábamos a paso lento. Veía los autos estacionados en el borde de la calle y otros pasar a una velocidad considerable. No había muchos peatones, uno delante de nosotras y una pareja que iba detrás. La calle de enfrente estaba completamente sola, pero mi mirada se mantuvo en ella. Fue cuando lo vi.

Siempre que veía a alguien, comenzaba por los zapatos, con el tiempo me di cuenta que los zapatos reflejan la personalidad de una persona, en forma absoluta. Me gustó el estilo que calzaba así que mi mirada continuo el recorrido, llevaba un pantalón de jean y una camisa de manga larga en color verde olivo. No era de mis colores favoritos, pero le quedaba especialmente bien.

Tal vez no debí dejar a mi mirada seguir hasta su cara, esa habría sido una buena idea. En especial cuando me topé con aquella piel pálida –impropia de la ciudad soleada en la que yo vivía –y con aquellos ojos dorados cautivantes. Debía de estar imaginándolo todo, claro, ya estaba delirando, eso era bastante probable.

Tomé aire a un ritmo descontrolado, exhalaba e inhalaba sin saber si lo hacía correctamente. ¿Cuándo había llegado a la locura?
El cabello broncíneo, la tez pálida y el semblante de perfección, era él.
Pero para cuando mis ojos quisieron volver a admirarlo… se había ido.
Mi paso fue tomando un ritmo más lento y mi hermana me apresuraba recordándome que ya estaba muy oscura la noche. Llegamos a la otra panadería y compramos lo que necesitábamos; yo no dejaba de imaginar aquel chico que irradiaba perfección en aquella calle común y corriente. Debía de estar totalmente loca. Tal vez no… Al menos no era que necesitara internarme en una clínica psiquiátrica. No tenía porque haber visto a un vampiro, pero en definitiva había visto a un chico hermoso. Los que creía estaban en extinción.
Esa noche soñé con el chico misterioso, aunque misterioso no era una palabra que me agradara. Tenía entendido que los misterios eran aquellas cosas imposibles de resolver «Resolví el misterio» era una frase completamente mal empleada, los misterios no tenían solución. Y yo en verdad esperaba saber más de aquel… de aquel… ¿cómo llamarlo? ¿Espectro? ¿Criatura? ¿Hombre? ¿Joven? No conocía la palabra correcta.
Espectro parecía la más acorde al mes que estábamos: Octubre. Que era por cierto uno de los meses que menos me agradaban, las razones eran simples, las clases apenas estaban comenzando, eso implicaba que faltaba mucho para las vacaciones y segundo porque odiaba aquel clima grisáceo que invadía hasta mi soleada ciudad.
Aquella noche no dormí bien. El sueño fue intranquilo, pero la mañana de viernes me compensó.
El viernes en la escuela fue un día tranquilo. Mis amigos comenzaron a planear una fiesta para la noche de brujas, me encantó la idea aunque no tenía ánimos de fiesta, pero de imaginarme que alguno se disfrazaría de vampiro se me agitaba el corazón. En mis planes no estaba ese disfraz, porque no me atrevía a compararme con una de esas perfectas creaciones, yo no era demasiado hermosa, era de esas personas "cara común", sin ningún rasgo que llamara la atención de forma extraordinaria.
Mi hermana me fue a buscar a la escuela para que fuéramos al cine, fuimos y vimos una película de esas que te hacen llorar sin parar.
Cuando llegamos a la casa, ya el sol se había ocultado y el sueño me venció, ni siquiera cené, medio abrí los ojos cuando llegaron mis papás, pero me volví a sumir en el más profundo de los sueños.
Los sábados eran mis días favoritos –aún en aquellos meses que no me gustaban, los sábados seguían siendo perfectos -me desperté descansada tras un sueño reparador, tal vez porque no había soñado en toda la noche. Pensé que me había despertado muy temprano, porque no se colaba luz por mi ventana, pero en cuanto vi la hora supe que había amanecido con el sol escondido.

Tenía algo de tarea y la hice rápido, las mañanas nubladas eran capaces de bajar mi ánimo, pero era sábado y ninguna nube cambiaría eso.

Poco después del mediodía, salí de casa.

Había caminado por toda mi urbanización, así que me senté en un banco para descansar. Jamás imaginé que volvería a verlo.

El chico perfecto estaba ahí. Nuevamente en la calle de enfrente. Pero esta vez logré verle los ojos, entonces mi corazón y mi respiración se detuvieron. ¿Cuántas personas tienen los ojos dorados?

Mi mente no dejaba de asociarlo con aquel vampiro. Mi voz interna gritaba:
¡Edward!
Si él era quien yo creía, voltearía, lo haría aunque yo no hubiese pronunciado su nombre. Pero no lo hizo.

Mi corazón retomó su ritmo. No era Edward, pero era alguien, alguien con bastante cercanía a la perfección, y era…real.


1 comentario:

  1. era real? wiiiii
    (esto está buenisimo, ojalá siga asi!)
    Naty Celeste

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Robin Wolfe