8 jul. 2009

Encuentro de ensueño, capítulo 1

Disclaimer: La Familia Cullen pertenece a Stephenie Meyer.
Summary: Mary termina su libro de Amanecer y se siente muy deprimida; pero una serie de eventos le mostrarán que la fantasía puede ser real.
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Capítulo 1. ¿Final feliz?
La escuela era sin duda uno de los pesares más grandes de mi vida, y mi vida sólo tenía dos: la escuela y mis padres. Y los dos se relacionaban abiertamente. La escuela sería genial si mis padres no me presionaran a obtener buenas calificaciones, y mis padres serían geniales si ellos no fueran tan preocupados por la escuela.

Odiaba hacer tareas o tener que estudiar, y más cuando tenía mejores cosas que hacer. Cualquier cosa que no fuese un deber era algo mejor que hacer. Había millones de cosas que disfrutaba hacer, pero en tanto se convertían en un deber, se tornaban aburridas y agotadoras. Ésa era la principal razón por la que no deseaba ir a la universidad. Toda esa responsabilidad.

Aquel día debía entregar una tarea que no había hecho. Para mi suerte, un profesor faltó y podía terminarla –o mejor dicho empezarla –en esa hora.

- Lo conseguí
- Bien, tráelo -le dije

Vanessa traía un cuaderno desde el otro lado del salón, donde se sentaban las inteligentes. Se sentó y comenzamos a transcribir las palabras a nuestros cuadernos. No tenía ni la más mínima idea de lo que estaba copiando, solo me importaba que aquellas palabras valdrían el 20% de la nota definitiva.
- Mañana cumplo tres meses con mi novio

- ¿ya? Pero si hace dos días cumpliste dos meses

- Sí, pasa volando... Ay Mary lo tienes que conocer –eso decía siempre, pero cada vez que iba a conocer al famoso Luis, algo pasaba, las estrellas y los planetas se alineaban y no había forma posible de que lo conociera
- Algún día –rodé los ojos -¿Qué le vas a regalar?
- Ay, algo hermoso, hoy vas a mi casa ¿no? -asentí -me recuerdas y te lo muestro.

Cuando las clases acabaron, me fui junto con Vanessa a su casa. A mi mamá le parecía un abuso que yo fuera tan seguido para allá, pero yo prefería eso a tener que ir a mi propia casa. Su madre era un amor, hacia la comida más deliciosa. Eso, probablemente era lo que molestaba a mi mamá, que yo comiera tan a gusto con alguien que no fuera ella. Mi madre era muy celosa en ese sentido, incluso le disgustaba que prefiriera comer con mi abuela.

El problema con mi madre era que ella quería hacer parecer que era una madre perfecta, pero ante mi ella no encajaba con esa definición. Se preocupaba más por la imagen que proyectaba al exterior, eso me disgustaba y por eso no conversaba con ella.

Luego de que comimos, fui con Vanessa a su cuarto, abrió su armario y sacó una pequeña caja
- Mira
Extendió la caja y yo la tomé. Adentro había millones de chocolates y papeles recortados en diferentes formas con frases de canciones e incluso de Romeo & Julieta. Vanessa no era una aficionada de la lectura –dudaba que en su vida hubiese leído algo –pero había visto la película y había buscado todo el diálogo en internet, al menos se lo había leído entre líneas para extraer algo de uso

- ¡Qué lindo Vane!
- ¿Verdad?
- Demasiado -afirme
-¿Qué me regalará él?
-Hmmm, no sé. Ni idea
-Ay seguro unas rosas o algo así. Él es tan perfecto

Cuando yo estaba sola en mi casa, no sentía necesidad alguna de tener un novio, pero cuando Vane hablaba tantas maravillas del suyo, algo se me retorcía en el estómago. Sin seguridad sobre si era envidia o reales deseos de sentir aquel amor, me comenzaba a imaginar al chico perfecto, sin más resultados que aquella criatura fantasiosa que no existía en el mundo real.

Antes de que iniciara a ocultarse el sol, llamé a mi papa para que me buscara. La razón por la que me había quedado tanto tiempo era porque iba a estudiar para un examen, y sabía que si iba a mi casa, no tendría eso en cuenta, no cuando me quedaban cien páginas para terminar mi libro de Amanecer.

Mi papá me recogió y apenas llegué a mi casa tomé el libro y comencé a leer. El tiempo se detuvo y cada segundo invisible se convirtió en perfección. Aquel era el libro que me había tomado más tiempo leer, y no guardaba ninguna relación con que fuese el más largo, sino que sabía que me sentiría extraña cuando se hubiese acabado.

“Y luego seguimos con gran felicidad en esa pequeña habitación pero perfecta para nosotros, por siempre”

Era el final perfecto, el que la historia merecía, entonces… ¿a qué se debía el vacío en mí? Sentía un agujero en mi pecho, como Bella en Luna nueva. Llené mis pulmones de aire y casi sentí la necesidad de llorar. Aquel era un final feliz, ¿por qué rayos lloraría yo?

¡Vaya ridícula! Si me ponía a llorar en aquel momento, merecía ser atacada por los Vulturi… Apreté los dientes. ¿Es que ahora solo iba a hablar en términos "Twilight"? ¿o era algo momentáneo?... Eso esperé

Cuando mi mamá me llamó a cenar, coloqué el libro a un lado, lo cerré y pasé mi mano por la ficha de ajedrez impresa en él. Suspiré y fui a cenar

Mientras cenaba no hice más que pensar en mis libros. Consideré otros finales, e incluso otros principios... Fue cuando me di cuenta que el inicio de la historia estaba difuso para mí. Claro, debía empezar a leer la historia nuevamente para poder atajar otros detalles.

Cuando terminamos de cenar, corrí a mi cuarto y tome el primer libro de la saga: Crepúsculo, leí el prefacio y me di cuenta que no era capaz de releerme la historia nuevamente, porque yo era ese tipo de personas que si tenía demasiada afición por algo, lo usaba, lo veía, lo olía -según el caso –y me terminaba hartando, hasta el punto de odiarlo, y jamás quería sentir eso por mi saga.

Después de bañarme, me fui a dormir, aunque no tenía sueño y deseaba ser vampiro -o al menos no tener clases al día siguiente -para no tener que dormir.

Para mi buena suerte soñé con Edward Cullen, aquel personaje ficticio tan perfectamente creado... Era divino soñar con él, pero estaba segura de lo poco saludable que resultaba. Era masoquista, soñar con aquel vampiro –ficticio –y esperar que en este mundo hubiese algún detalle de él en algún humano. Parecía imposible. Ningún humano jamás sería tan perfecto. No, pero yo no pedía tanto. Yo me conformaba con un detalle. Un detalle bastaría.

Me desperté para ir a la escuela sin ánimo –como era usual –me alisté. Cuando llegué a clases, me sentía totalmente fuera de lugar. Lo que me reconfortaba cada mañana desde hacia un mes, era que una vez que se hubiesen acabado las horas en el Instituto, llegaría a mi casa a encerrarme en mi lectura.


Capítulo 2 ---->

3 comentarios:

  1. a decir verdada me encata tu historia y asi me sentia yo cuando termine la saga apagadaaaa fue extraño pero senti un vacio feo jejejeje q locuraaaaa.... te felicitooo :D

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  2. Ahhhh! Yo quedé igual cuando terminé la Saga! Pero decidí leerla de nuevo un tiempo después (como 2 minutos después, jajaja)
    Esto pinta re bien...
    Besos, Ro
    Naty Celeste

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  3. wow yo pense que era la unica loca que se sintio triste por terminar los libros, ya veo que la locura es generalizada, jajajaja.

    tambien los lei de nuevo y estoy por terminar amanecer, ya me esta pegando la tristeza de nuevo.

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Robin Wolfe