19 jul. 2010

Sueños retorcidos - Sal de ese agujero

Disclaimer: La familia Cullen, Denalí & Vulturi pertenece a Stephenie Meyer; el resto es mío.
Summary: Secuela de Encuentro de Ensueño —Los sueños son como la realidad, se retuercen cuando crees tenerlos controlados. La vida de Mary se ha vuelto un embrollo desde que aparecieron los vampiros. Edward/OC.
Nota: Quiero dedicarle este capítulo a Mayra Swansea y a Michelle, por ser de las que sugirieron que hiciera una secuela, fue lo que llamó a mi musa, y he aquí el resultado. Espero les guste a todos :D







1
Sal de ese agujero
«El amor concede a los demás el poder para destruirte»
Bella Swan
La alarma de la mañana sonó cinco veces antes de despertarme. La apagué y me dirigí al cuarto de baño, me aseé y me vestí para ir a la escuela. Quedaban cinco semanas para el fin de año, y eso me tenía extasiada. No había nada que estuviese deseando más que acabar con la escuela.
Tomé mi mochila y saludé a mis padres que ya estaban listos para salir.
Llegué a la escuela con aire taciturno, parecía como si en realidad no estaba ahí, de hecho, llevaba al menos tres días así; en realidad, llevaba exactamente tres días así. Edward y el resto de los Cullen habían salido de cacería. Llevábamos ochos meses de novios y desde hacía al menos cuatro mi mundo entero giraba en torno a él. Poco a poco había ido dejando a Vanessa y a Carlos a un lado, como si fuesen sólo compañeros de clases. Hablaba con ellos lo necesario, y por necesario me refiero a que me comunicaba durante clases para ponernos de acuerdo en los trabajos grupales y en los recreos cuando no me ocupaba de hablar con Edward por mensajes de texto.
Odiaba estar así. Odiaba convertirme en lo que me estaba convirtiendo. Me parecía irracional que mi vida dependiera de un ser no-vivo. Me parecía estúpido que los latidos de mi corazón dependieran de alguien cuyo corazón había dejado de latir hacia cien años.
Caminé por el pasillo deseando llegar al salón, enterrarme en mi pupitre y esperar que el tiempo transcurriera.
—Hola —dijo Carlos con tono amable y me dio un beso en la mejilla.
—Hola —mascullé.
—El trabajo de química es para mañana, ¿recuerdas?
En ese momento todo para mí perdió sentido. En general, era yo la que tenía que recordarle a él las entregas de los trabajos, puesto que a él le importaba un bledo hacerlos.
— ¿El qué?
—El trabajo… sobre la tabla periódica
—Sí, sé de qué hablas —musité confundida.
— ¿Y tu cara de "deja de hablar en alemán" a qué se debe?
—No sé. Yo…
—Vamos a casa de Vanessa a hacerlo, porque sólo tenemos eso para mañana y hace tiempo que no estamos juntos, ¿no?
Eso era todo.
— ¿Aún quieren estar conmigo?
—Mary, seguirías siendo nuestra amiga aunque te convirtieras en vampiro —rió como si su frase fuera un chiste, pero para mí no lo era. Aunque Edward y yo habíamos hecho un pacto, yo sabía que él no estaba muy feliz con que yo fuera humana, que le costaba estar a mi lado y escuchar la sangre correr por mis venas.
Traté de fingir una risa pero no salió del todo bien.
—Bueno, a clases —dijo Carlos haciendo un gesto para que yo pasara antes que él. Ni siquiera había notado que ya estábamos frente al salón.
—A clases —mascullé.
Me senté en el asiento que había adquirido desde hacía un tiempo: al final del salón con dos chicos a los que no les hablaba a los lados.
—Gabriel, ¿te importaría cambiarte de puesto? —dijo Carlos a uno de los chicos de mi lado.
—Y tú no vas a dejarlo solo, ¿no? —le dijo Vanessa apareciendo de la nada al otro chico.
Ambos se levantaron y se cambiaron de asiento bufando.
—Hola Mary —dijo Vanessa sonriendo —puedes ir a mi casa hoy, ¿no?
—Sí, claro…
—Digo, también podríamos adelantar el trabajo de historia —dijo rodando los ojos —y así no tendríamos que volver a reunirnos. Tal vez quieras el fin de semana libre —se encogió de hombros.
— ¡NO! —Dije en un tono más alto del que pretendía, lo que hizo que ambos abrieran los ojos como platos—. Me refiero… a que es mejor hacer un trabajo por día.
—Sí —coincidió Carlos con una sonrisa pícara.
..
Las clases se me pasaron rápido —demasiado tal vez —pero tuve la suerte de que Carlos y Vanessa caminaron conmigo hacia el comedor.
Nos sentamos en una mesa para cuatro y cada uno sacó su almuerzo.
— ¿Qué pasó con Katherine? —pregunté distraída.
Katherine era mi "segunda mejor amiga", por llamarla de una manera. Después de que Carlos y Amanda terminaran, Katherine y él habían comenzado a salir en citas, hasta que finalmente su relación se consolidó. Pero tras mi "ausencia" no tenía claro cómo iba esa situación.
—Terminamos hace dos meses, Mary —abrí los ojos como platos.
— ¿Qué? ¿Por qué?
—Porque volví con Amanda.
Me quedé fría.
—Ah… —traté de no decir nada. Tenía claro que a Carlos no le gustaba que nos metiéramos en su relación, de alguna forma había pensado que eso había cambiado cuando yo había sido su hombro, pero parecía que no.
—Puedes decir algo —sonrió.
—No tengo nada que decir —dije dándole un mordisco a mi sándwich.
—Di algo —me incitó Vanessa.
Hice contacto entre mi dedo índice y pulgar y los pasé por mis labios, como si los cerrara con un cierre. Carlos se comenzó a reír.
—Supongo que en cierta forma me acostumbré a ella.
— ¿Tuviste algún problema con Kat? —pregunté y al ver como cambiaba su expresión no pude contener una sonrisa: —Me rendí. Ya hablé.
—Es que no funcionábamos. Como novios, somos muy buenos amigos —dijo tomando de mi jugo.
Suspiré.
—Dime que tú si sigues con Luis, Vane, por favor —dije casi suplicando. No podía haberme perdido de tantas cosas.
—Por supuesto —dijo casi como si la hubiese insultado —eso jamás terminará.
Hice el gesto de secarme el sudor de la frente.
—Me alegro —le dije esbozando una sonrisa.
—Vendrá conmigo al baile de graduación —añadió con un baile desde su asiento —. Es que es tan perfecto —dijo en un suspiro.
—Sí —sentí que mi voz no me pertenecía. De hecho sentí no pertenecerme a mí misma.
Probablemente la expresión de mi cara cambió. Sí, podía estar segura de que había cambiado, sentía que mis manos eran incapaces de moverse, permanecían aferradas al sándwich. Mis ojos miraban la mesa sin parpadear.
—Mary —me llamó Vanessa.
— ¿Mary? —esa vez fue Carlos.
La mano tibia de Carlos hizo que soltara mi comida y con un leve roce me hizo volver al mundo real. Me costaba comprender cómo es que mi cuento perfecto de vampiros se había convertido en la historia de terror que había temido. Vanessa, que era una humana enamorada de un humano tenía un amor perfecto extraído de cuento de hadas. Más bien, me recordaba constantemente a la imprimación. Desde que había conocido a Luis y la forma en que se miraban el uno al otro la idea no se me salía de la cabeza, mientras que yo, sufría cada día. Por una u otra razón. La razón del momento:
—Edward no vendrá al baile conmigo —mascullé al fin.
—Oh —fue todo lo que escuché. Parecía un lamento de Vanessa.
—Puedes venir conmigo —insinuó Carlos.
—Irás con Amanda —dije tratando de que las lágrimas no salieran de mis ojos. Él no dijo nada porque era obvio que así era y yo no trataría de cambiar eso.
—Tal vez no, tal vez nos peleemos. Tal vez le parezca que soy demasiado para ella —asentí levemente para que no fuera tan notorio, él se sonrió —vamos, en realidad no tengo que ir con ella. Sabes que Amanda ni baila. Lo que digo es que bailaré contigo ese día pase lo que pase.
—No vendré. No para ver a todos en pareja.
—Eres una tonta de primera —me reprendió Vanessa.
—Ya.
—Nos graduamos una sola vez en la vida, Mary, hay que aprovecharlo.
—Pero es que se me va a hacer súper aburrido. Tú vas a estar con Luis y tú con Amanda —rodé los ojos y aparté mi comida porque ya no tenía hambre.
La mano tibia de Carlos volvió a tomar la mía.
—Estás helada —masculló —. ¿Quieres mi suéter? —no respondí. No quería nada. O más bien, no sabía lo que quería.
Lo miré.
—No, gracias —dije al final. Él me sonrió, se lo quitó y me lo pasó por detrás de los hombros —. No quiero que uses de excusa para no venir que tienes gripe —sonrió —te necesitamos, Mary.
..
Las siguientes horas de clase se me pasaron como si cada manecilla del reloj fuese una tortuga. No podía dejar de mirarlo. Ni siquiera sabía por qué. Edward tampoco llegaría hoy.
..
El cuarto de Vanessa era enorme. Tenía un gran escritorio donde siempre nos sentábamos a hacer los trabajos y una gran ventana que iluminaba la habitación completa. La bombilla siempre permanecía apagada —excepto en las noches —porque no era necesaria. Carlos encendió con confianza la computadora mientras Vanessa buscaba algo para que bebiéramos.
— ¿No has pensado que Edward tiene un secreto? —dijo Vanessa mientras me entregaba un vaso de té helado.
—Sí, ese Eduardo se trama algo —dijo Carlos mirando por la ventana —. ¿Hace cuánto dices que se fue? —verlo así en la ventana me trajo un recuerdo a una película antigua de detectives como si quisiera realmente descubrir un secreto, que Edward tenía. ¿Sería Carlos capaz de descifrarlo? ¿Creería él, un escéptico total, en vampiros y otras criaturas?
— ¿Algo como qué, Sherlock? —traté de parecer relajada.
—Tal vez sea gay —aventuró Vanessa.
—O un vampiro —dijo Carlos encogiéndose de hombros. Tragué en seco —. No me digas que no ves Vampire Diaries, el Stefan era misterioso y mira —alzó las cejas y luego echó una carcajada.
—Sí, le regalaré en su cumpleaños un vaso de sangre a ver si le gusta —dije en broma.
—Si yo fuera tú me comprara un collar de ajos —se rió de nuevo e inmediatamente los tres nos estábamos riendo. Era lo maravilloso de Carlos, era el hecho de que siempre se podía contar con él, que aunque estuviese bromeando en aquel momento, sabía que en realidad estaba preocupado por mí.
— ¿A dónde viajó? —preguntó Vanessa distraída mirando el Messenger.
—A unas montañas, no me dijo cuáles porque van por muchas. Es un viaje que su familia hace frecuentemente, los ayuda a estar sanos.
— ¿Y no te ha llamado?
—Son montañas, Nessie —ya mi amiga se había acostumbrado al sobrenombre —no tiene señal.
En realidad quería creerme esa historia.
— ¿No me contaste que en tu cumpleaños había una pelirroja detrás de él?
Me quedé fría. ¿Tanya? ¿Era ella la razón?
—No… no… quiero decir sí, pero ella no tiene nada que ver con esto.
—Espera un momento —Vanessa me escrutó con la mirada —no es él quien guarda un secreto, eres tú.
Era cierto. Edward no guardaba ningún secreto porque no los conocía a ellos, pero yo sí. Yo sabía que Edward era un vampiro y no lo podía decir, ni a mis amigos ni a mi familia. A nadie. Vivía con un secreto que no me pertenecía y que no podía contar ni a mi diario, por miedo a que alguien lo leyera.
—Sí —solté en un suspiro —lo cierto es que… lo nuestro no está funcionando —no sólo cargaba con un secreto que no era mío, cargaba un peso que necesitaba ser liberado y que podía contar al menos a medias —verán…
Carlos y Vanessa se sentaron en el suelo y yo hice lo mismo. Eso era todo lo que necesitaba, hablar con un par de amigos.
—Él ha cambiado desde que lo conocí, creía que era de una forma y no —suspiré. La cosa en realidad era que el Edward, mi novio no era el Edward, novio de Bella, y yo me había enamorado del Edward equivocado. No eran iguales, y esas mínimas diferencias a veces me sacaban de quicio —y eso… no sé cómo afrontarlo. Creo que va a actuar de una forma y lo hace de otra. Pienso que estará contento con una decisión que yo tome y no lo está…
Eso era lo básico. El Edward del libro hubiese hecho hasta lo imposible por no convertir a Bella, mi Edward no estaba convencido de que yo no quisiera ser vampiro. Me preguntaba si tal vez era porque él ya conocía toda la historia y pensaba en si alguna vez nosotros llegaríamos al punto de entregarnos el uno al otro, me preguntaba si él más que querer convertirme, sólo quería protegerme.
— ¿Ya han hablado sobre… bueno, ir un poquito más allá? —el tono sugerente de Carlos lo decía todo. Sí, ese era el problema básico, aunque no lo pareciera. Yo, no tenía intenciones de eso, y si mi Edward era el que yo creía tampoco las tenía.
—No —mascullé.
Carlos me miró fijo durante un rato.
—El día que lo vi… parecía un caballero, ¿sabes? Más bien un poco a la antigua. No creo que te vaya a hacer daño…
—Sabe que si me hace tendría que enfrentarse contigo…
—Probablemente yo perdería —dijo él torciendo el gesto —pero si te hiciera daño, se merecería que intentara ganar.
—Gracias, a los dos —dije reparando en Vanessa, me acerqué y los abracé.

Yo no sé ustedes, pero yo amo a Carlos
RobinW

3 comentarios:

  1. OMG! OMG!! OMG!! OMG!! MUEROOOO!!!!!!!!!!!

    WOW! WOW! WOW!! WIIIII!! HAY SECUELA jajaajjaajajajajjaja me encanto
    sobretodo la parte de su edward, del de Bella, quedo bien profundo.

    Eres genial!y que decir, espero ser yo esa michelle jajaaj graciiass!!

    besos! cuidate!! byee!!
    te kieroo!

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  2. K bn!!! Porfin la esperada, k digo, esperadisima secuela!!!
    Muy lindo capi, te apoyo respecto a carlos, ojala no termine mal nuestra kerida mary...

    Suerte nena, y espero k publikes pronto!!!!!

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  3. aaaahhhhhhh..!!! no crei que fuera a haber una continuacion de esta historiaaaa..!!!!
    diosss...cuando lo lei casi muerooo jajaja
    me encanto este capitulo...ahora no entiendo q le pasa a maryy suele suceder eso de que te enamoras de una persona q en realidad existe en tu mente nomas...pero que se yo...capaz q ella es un poco demasiado extremistaa jaja..!!1
    veremos que pasaa..!!1

    besos enormes..!!!

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Robin Wolfe