12 jul. 2010

Encuentro de Ensueño - El aullido del lobo

Disclaimer: La familia Cullen, Denalí y Vulturi pertenecen a Stephenie Meyer. 

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El aullido del lobo


Habían pasado tres meses desde nuestro acuerdo. Yo no me convertiría en vampiro y él no se marcharía. Me parecía de locos que mi vida se hubiese convertido con tanta facilidad en mi particular cuento de hadas, que la historia de vampiros tomará el final feliz y lo más importante aún, que esto fuera la vida real y  la mía.

Durante muchos años, consideré mi vida aburrida, leer aquellos maravillosos libros ya había significado un gran cambio, pero que yo acabara siendo la protagonista era mucho más de lo que podía esperar.

La mayoría de los días los pasaba en casa de Edward, ya que mi ciudad era muy soleada. Al principio le preguntaba por qué vivían allí —aunque claro está, no me molestaba —, su explicación era simple: Los Cullen no salían de su hogar, y ahí se hallaban bien, en un edificio sólo para ellos y sus amigos. Su casa era un lugar entretenido, rara vez estábamos solo nosotros dos. Pero yo me divertía a montones con Emmett, sobre todo cuando jugábamos videojuegos. Era fantástico.

Aquella tarde, Edward me había llevado a un jardín espectacular, todo el sitio era un lugar de ensueño. Toda mi vida había vivido en la misma ciudad y jamás había sabido de la existencia de aquel lugar, aunque desde el pasado octubre estaba convencida de que no conocía todos los secretos que se escondían en aquella típica ciudad. No tan típica después de todo.

—Es hermoso aquí —comenté apoyando mi cabeza en su hombro.
—Pensé que te gustaría —aunque no lo estaba viendo, me imaginaba como su boca se torcía en una sonrisa.
— ¿Aún te asusta el hecho de que no sea vampiro?
—No me asusta. Sólo —hizo una pausa —me preocupa. Te quiero demasiado como para dejar que algo malo te pase.
—Tú no me harás daño.
—Pero el resto del mundo…los humanos no son estables —bien, no tenía lobos cerca de mí, así que diría que los humanos no eran estables.
—No los estoy comparando con lobos. Jamás lo haría. eres humana.

Maldito lector de mentes. Sonreí y le di un golpecito en el vientre.

—Me refiero a que hay humanos malos, y me aterra que te hagan daño. Si fueras vampira, serías fuerte como para soportar cualquier cosa.
—También hay vampiros malos —musité.
—Tienes razón —levantó mi cara de su hombro y se quedo observándome, me mordí el labio inferior nerviosa—y si vuelves a hacer eso, yo seré uno de ellos —agregó con aquella sonrisa torcida.

Me sonrojé, para luego estallar en risas. Lo abracé e inhalé aquel delicioso aroma. Él me besó delicadamente y volvió a acomodar mi cabeza en su hombro. Se quedó mirando el horizonte, aquél de ensueño en ese lugar de ensueño.

Pasó su mano por sus cabellos broncíneos, y un pequeño rayo de luz alumbró su rostro. Fue maravilloso verlo brillar de aquella manera singular, no se comparaba a nada que hubiese visto en mi vida.

—Quisiera que este momento durara para siempre —dije tocando su cara brillante.
—También yo —susurró en mi oreja.

Me separé de nuevo y lo miré con los labios fruncidos.

—Las mejores cosas de la vida son muy cortas.
—Algunas son eternas —lo miré alzando una ceja —y no me refiero a ser vampiro. Para ser honesto, la idea no me agrada demasiado… Es confuso,  quisiera poder darte lo mejor de la vida de vampiro y lo mejor de ser humana.
—¿Cómo si bebiera tu ponzoña? —dije sabiendo que mis ojos brillaban.
—Podríamos pensarlo. Pero, hay tiempo, ¿no crees?
—Espero que sí.

Se acercó a mí para darme otro beso. Pasé mis brazos por su cuello y el beso se tornó apasionado, exquisito. Jalé aquellos cabellos broncíneos como si mi vida dependiera de ello; y él posó sus manos en mi cintura, subiendo y bajando ligeramente, sabiendo los lugares exactos dónde tocar, dónde acariciar…

Separó sus labios de los míos, pero los dejó cerca de mí, haciéndome inhalar su aliento helado. Era delicioso, con un dulce olor a miel y a lilas, más el brillo del sol sobre su piel. Encantador…Perfecto.

Verlo así me hacía pensar tantas cosas a la vez, cosas que él seguramente estaba oyendo, y al oírme decir eso, trató de aparentar que no era así.

—No oiré si no quieres.
—Entonces…no quiero.

Me regaló una sonrisa torcida y de nuevo regresó a mirar el sol ocultarse.

Edward era perfecto, en más sentidos de los que yo podría imaginarme, y aún así, me alegraba saber que un día, ambos podíamos decidir terminar con nuestra relación. Me alegraba saber que no estábamos unidos por lazos ponzoñosos, sino por cariño…probablemente amor.

Lo que más me alegraba, era no tener que comprometer mi vida a los dieciocho años, me parecía suficiente tener que elegir una carrera y una universidad. Aquello ya era demasiado para mí, y una decisión bastante difícil, y que no faltaba mucho para ser tomada. Así, que mi relación amorosa era algo relajante, algo de lo que podía disfrutar sin miedos.

Yo me llevaba genial con mis múltiples cuñados. Uno que otro día había salido con Alice de compras, y aunque Rosalie me hubiese dado la impresión de ser un amor, más bien me ignoraba lo más que podía. No había tenido más contacto con el clan Denalí y eso era suficientemente bueno para mí.

Edward, se llevaba magnífico con mi hermana y él y Carlos finalmente acabaron siendo amigos. Vanessa y Edward se conocieron, cuando yo finalmente conocí a su novio, habíamos planeado una cita doble y había sido bastante divertida.

Carlos, también había tenido su “final” feliz. Después de que la bruja se alejó de su vida —para bien —las pretendientes no dejaron de aparecer. Lo mejor del caso, fue que eligió a la mejor, otra de mis mejores amigas, la que sin duda le daría amistad y amor en un sólo y cómodo empaque. La bruja no había conseguido pareja, el chico por el que había dejado a Carlos, la había rechazado al darse cuenta de lo vil que era.

El viento brindaba un mejor ambiente a nuestra cita. Todo era tan perfecto, las mariposas revoloteaban, los pájaros cantaban, los árboles tenían las hojas más verdes y Edward estaba ahí, conmigo…era real y lo era para mí.

Edward pasó un brazo por mi espalda acercándome más a su cuerpo, acarició mi brazo con sus nudillos y me besó en la coronilla. Supongo que es algo así como los cuentos, algo debe pasar cuando todo parece perfecto, no tiene que ser algo malo, simplemente debe pasar. En algún lugar de aquella ciudad, tal vez desde las montañas o el crecido pasto, un lobo aulló…nadie me diría que no era cierto. Los ojos de Edward se oscurecieron y me miraron. Acercó sus labios a los míos, bloqueando todos mis sentidos. Nunca sabría si había sido Jacob, tal vez Seth o un simple perro que hacía audiciones para ser un lobo. Tal vez mi mejor amigo si era un lobo a final de cuentas, pero como jamás sabría la respuesta me concentré en lo que sabía que era cierto: aquellos suaves labios que acariciaban los míos, aquella mano que recorría mi espalda y aquel cabello broncíneo que se enredaba en mis dedos. ¿Qué más podía pedir? Era un día perfecto para disfrutar mi encuentro de ensueño.



FIN

1 comentario:

  1. Muyyyyyyy lindo ♥.♥
    Eres grandeeeeee...
    Amo este fic, es uno de mis favoritos, adivina cual es el otro... XD
    Espero k pronto publikes la segunda parte!!!!
    Besos y saludos!!!

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Robin Wolfe