21 may. 2010

El último fénix - Noche de tequila







Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Summary: Jacob fue el mejor amigo de Bella cuando Edward se fue, sin embargo, Bella elige a Edward y hace un pacto con Jacob: verse y entregarse su amor cada 13 de febrero.


Especialmente para Mel porque lo ha estado esperando y para Nadia porque hoy es cumpleaños 
ily girls :) 







4


Noche de tequila
(Jacob)
La estaba pasando endemoniadamente bien. Tanto que me podía llegar a sentir increíblemente culpable. ¿Cómo podía divertirme tanto con dos mujeres? No era como si la pasara genial con Bella, y horrible con Lizzie. Al menos de esa forma tendría una excusa para engañarla. No. Era el hecho de saber que era un maldito infiel por puro gusto. Era un maldito perro.
—¿Sigues aquí? —preguntó con su dulce voz de niña pequeña agitando su mano frente a mis ojos.
—Muy aquí —contesté tomando su mano y besando sus finos dedos pecosos.
Lizzie colocó un poco de sal en la mano que acababa de besarle y me la puso frente a los labios. La lamí excitándome yo mismo, al tiempo que ella se sonrojaba y se relamía los labios. Inmediatamente me puso el vaso de tequila en la mano, me lo tomé con los ojos cerrados y al abrirlos la encontré a ella con el limón en los labios. Atajé el limón y su boca con la mía y la dejé caer sobre el frío piso. Chupé el limón y lo lancé lejos, para luego besar toda su piel descubierta. Siempre llevaba shorts y camisas de mangas que me enloquecía por quitarle del cuerpo. Esa noche lo hice con delicadeza. Extrañaba su piel suave y llena de pecas. Extrañaba probar sus labios y decirle que la amaba.
Nos devoramos en cada beso. Enloquecí con cada roce de su cuerpo. Amaba acariciar sus muslos desnudos, penetrarla sin pensarlo y sentir su aliento cálido rozando mi oreja mientras me susurraba que me amaba.
—Feliz día de San Valentín, Jacob Black —susurró mientras yo besaba su cuello.
Resultaba agrio besar a Lizzie. Agrio y placentero: como morder un limón. La amaba, pero no podía decirlo sin sentirme hipócrita, cuando la noche anterior había estado con Bella. Quería gritárselo, quería decírselo mientras alcanzaba otro orgasmo, pero ¿podía? ¿Podía hacerlo sin sentir que le mentía. No lo hacía. No le mentía. Porque sí la amaba. Pero a la misma vez la engañaba.
Aferró sus uñas a mi espalda, justo en el momento en que llegué por tercera vez. Lo grité a todo pulmón, porque lo necesitaba.
—Te amo, Lizzie. Te amo Elizabeth Mars… —se lo dije millones de veces, entre la excitación del orgasmo, al oído en susurros delicados, mientras besaba su vientre plano, mientras acariciaba sus glúteos redondeados. Lo dije tantas veces sintiéndolo que el sentimiento de culpa desapareció por completo de mi pecho, como si un gran hoyo abierto se hubiese sellado al hacerlo.
—¿Me amas? —preguntó cuando ya reposábamos sobre el piso de cerámica.
—¿Cómo es posible que aún lo preguntes?
—Hace dos días no lo dijiste ni una vez, y hoy lo gritas demasiadas. Yo…
—Te las debía —sonreí —. Quiero que sepas que te amo, y que eso no cambiará. Si alguna vez —un nudo se comenzó a formar en mi garganta —, si alguna vez, te parece que te dejé de amar, pregúntame porque siempre te hablaré con la verdad, Elizabeth Mars, pregúntame y te diré cuánto te amo en realidad.
Me quedé dormido mientras Lizzie lloraba sobre mi pecho, y apareciste otra vez en mis recuerdos. Como un fantasma que no me abandona. Como una sombra que reflejo siempre sobre el pavimento. ¿Por qué me torturas, si eres tú quien nos ha hecho daño? ¿Por qué llegas cuando estoy a punto de olvidarte, de borrarte de mis pensamientos y sentimientos? ¿Por qué lo haces Bella Swan?
Me cuestiono todo eso en sueños y me pregunto por qué no soy capaz de decírtelo en el único momento en que te tengo. Conozco la respuesta y me repugna. No lo hago porque estoy loco por ti, loco por hacerte el amor en ese momento. No puedo dejar de imaginarme tu cuerpo tembloroso bajo el mío. Y duele maldita sea. Duele como una herida abierta a la que se le pasa limón para torturar. Te odio Bella Swan, te odio por hacerme amarte, por no permitirme olvidarte. Te odio por aparecer en mis recuerdos cada vez que te he borrado de ellos. Te odio por existir. Te odio por abandonarme. Te odio por no dejarme amar de lleno a otra persona mientras tú disfrutas casada como si nada. Te odio por hacerme entregarte todo lo que soy. Porque lo hice.
—Maldita sea —grité despertándome del sueño —. Te odio —murmuré en silencio derramando lágrimas de frustración.
Comprobé que Lizzie seguía durmiendo y fui hacia la cocina.
Abrí la nevera y la cerré molesto. Me lancé al piso donde acababa de hacerle el amor a Lizzie. Tomé la botella de tequila con las lágrimas aún agudizando mis dolencias. Lloré como nunca lo había hecho. Me empiné la botella y bebí como tampoco lo había hecho nunca.
Me dejé caer al suelo mientras la sonrisa de Bella y los tímidos labios de Lizzie revolvían mis recuerdos. Mientras ojos chocolates y verdes me miraban con amor y luego se miraban entre sí con rabia. Y te seguí odiando, Isabella.
Te odio por hacerme creer tantas veces que me amabas. Te odio por hacerme quedar a tu lado. Te odio por ser indispensable para mí, porque te necesito, cada 13 de febrero necesito tu cuerpo junto al mío. Y luego te extraño cada día del maldito año. Te odio por frustrarme. Te odio por conocerme tan bien. Te odio por todo.
Es que me conoces tan bien. Que sabes que no sobreviviría sin ti. Aunque trataré de que no sea así, porque tú no eres la mujer de la que me enamoré. Yo me enamoré de una dulce niña que jugaba conmigo en la arena. Una niña que me miraba de reojo mientras jugaba con mis hermanas. Una niña que volvió a mí hecha una mujer. Me enamoré de una mujer con el corazón hecho pedazos. Me enamoré de la mujer que me amaba a mí. No de ti. A ti te odio porque me has convertido en algo extraño. Me has hecho que deje de ser yo.
Bebí de nuevo y miré la botella comprobando que se acababa con rapidez. Perdí mi tiempo. Lo perdí todo. Dejé de sonreír siempre, porque ya no tenía ganas de hacerlo. Dejé de mirar a Lizzie a los ojos millones de veces porque simplemente no podía. Pero tú no sabes eso. Tú simplemente llegas una vez al año y destrozas todo lo que en 365 días me concentré en reparar en mí. Reparo y tú destruyes. Sólo puedo decir, que te odio, Isabella Marie Swan.
..
Me había dejado caer al suelo tras beberme la botella entera. Soñé de nuevo con Bella, pero de una forma distinta. Soñé que le decía cara a cara todo lo que había pensado. Quisiera tener la oportunidad de decírselo. Un día fuera de aquel. Primero, porque no aguantaré un año más con el dolor abatiéndome en el pecho. Segundo, porque ese día, seré demasiado débil y sólo querré hacer lo mismo de siempre. Quisiera una oportunidad para hablar con ella. Pero no puedo. Es parte de nuestro trato. No llamarnos. No vernos. Nada fuera de ese día. Pero no es justo. Acordamos eso para no interferir en cómo nuestras vidas se desarrollan. Ahora nuestras vidas están destruidas por ello. O al menos, la mía lo está.
—No se deja a una mujer sola en la cama —murmuró Lizzie soñolienta bajando las escaleras como una Afrodita.
—Lo siento —murmuré sujetándome de la nevera para que no notara los efectos de la resaca —. ¿Qué quiere desayunar, señorita Mars?
—Huevos revueltos —sonrió.
—En un instante —dije también con una sonrisa.
Cogí disimuladamente una aspirina y la tomé. Luego me dispuse a cocinar. Amaba como Lizzie se veía aquella mañana. Con la camisa cubriéndole hasta un cuarto del muslo y las pantaletas verde manzana asomándose, sus pezones erectos ya que hacía frío y no llevaba sostén. Sonreí y ella me sonrió de vuelta. Yo sólo llevaba mis bóxers anchos color turquesa. Eran sus favoritos y no se los negaba a menos de que estuvieran sucios. Le serví el desayuno.
—¿Estás bien? —preguntó sacándome de un momento en el que estaba catatónico.
—Sí… bien —murmuré con una sonrisa.
Tenía suerte de que Lizzie no fuera una persona escandalosa. Porque un ruido fuerte me hubiese matado en ese momento. Tenía un dolor de cabeza terrible: había tomado y llorado toda la noche.
—Tienes bolsas en los ojos —musitó —, ¿estuviste llorando?
—¿Ah? —lloré demasiado y me dormí así —. No… yo… dormí un rato acá en el piso. Debe ser por ello —añadí con una sonrisa mientras ella seguía comiendo y yo la observaba.
Recordé en ese momento cómo la conocí. Huyendo de Bella. O más bien del dolor que me había dejado. Fue una semana después del día que me dejó por Edward Cullen. Iba conduciendo en mi auto, deleitándome con el sonido del motor como único consuelo. Habló conmigo a través del vidrio y al ver su sonrisa, lo supe: era ella. Conversamos por horas e intercambiamos números. Un mes después ya éramos novios. Y se sentía tan bien que pensaba que no necesitaría estar con Bella de nuevo. Supongo, que me equivoqué.

Man, pobre Jake...
Y sí, estoy de vuelta, al menos de momento :D
Besos & un Jacob
RobinWolfe
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4 comentarios:

  1. Robinnnn lloreee pobre Jacob .. pobre Lizzie no e s justoooo bueno pero la vida tampoc lo es en cocasiones .... que sentimiento niña que sentiemiento miles d e besos y abrazos y que ricpo poder tener te de nuevo

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  2. ohhhhh..pobrecito mi jacobbb..!!!
    porque bella no uede dejarlo ser felizz..??
    ahhhgggg..la odioooo..
    asi como tmb la voy a odiar cuando vea eclipse jaja

    espero q jacob pueda decirle a bella marie swan qla odia con todo su corazon..pobrecito...sino yo lo consueloo..! jajaja

    besos enormes..!!!

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  3. Pobre jacob y que puta bella la odio! xD
    Besos de españa!

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  4. Pobreee Jakeee... Afffff; es quee es triiste!
    Yonoo odioo a Bella peroo es que, conchalee ES PUTAAAAAA?? Comooo vaa a haceer esoo?
    GRRR! Peroo buenooo
    Roobiin te kedooo hermoosoo :D
    Besiitooos
    Esperooo el proxiimo! :)

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Robin Wolfe