14 may. 2010

El último fénix - Es el día de amar

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Summary: Jacob fue el mejor amigo de Bella cuando Edward se fue, sin embargo, Bella elige a Edward y hace un pacto con Jacob: verse y entregarse su amor cada 13 de febrero.



3
Es el día de amar


(Bella)







Cerré la puerta a mi espalda y suspiré apoyándome en ella. Las lágrimas cayeron de mis ojos liberando el apretado nudo en mi garganta. Había sido el peor día. Jamás nos habíamos entregado tanto, jamás había sentido la necesidad de quedarme por siempre a su lado y ser la señora Black. Siempre había ansiado regresar y disfrutar con Edward de un excelente San Valentín, pero no esa mañana. Tal vez, porque los celos me carcomían y sabía que por primera vez, Jacob tenía a alguien más a quien amar, y que tal vez ella me desplazara y yo ya no fuera necesaria para Jake. Tal vez, el año siguiente ya él no me necesitara mientras yo no podría prescindir de él.
¿Por qué tenía esta horrible sensación azotándome en el estómago y en el corazón? ¿Por qué sentía que ya no me quedaba dignidad? ¿Por qué no podía evitar sentirme como una puta? Tal vez, porque lo era. Porque tenía a dos hombres comiendo de la palma de mis manos, porque los amaba a ambos y no estaba dispuesta a separarme de ellos, pero mi corazón, sabiamente era consciente de que podía acabar por perderlos a ambos.
—Bella, ¿eres tú? —preguntó la voz aterciopelada de Edward al tiempo que encendía la luz y yo me apresuraba a secar mis lágrimas.
—Sí —murmuré ocultando la voz lagrimosa.
—Pensé que no llegarías hoy —me mostró una sonrisa torcida y me acerqué para abrazarlo.
—Siempre llego.
—Odio esto. Odio que el periódico te solicite justo en San Valentín.
—Es un asco —mascullé tratando de sonar creíble.
Edward, era casi un lector de mentes. Si quería mentirle, tenía que hacer un gran esfuerzo por hacerlo. Llevaba dos años mintiéndole y había conseguido un poco de práctica.
Mientras yo me revolcaba con Jake en la cama, Edward pensaba que yo trabajaba en el New York Times, pero yo escribía mi artículo semanas antes y lo dejaba de camino a la casa de Jacob. Muchos pensaban que no había secretos en el Upper East Side, pero yo guardaba uno que de ser descubierto cambiaría mi vida entera.
—Lo importante es que ya estás aquí —murmuró besando el lóbulo de mi oreja —. Feliz día de San Valentín.
Inmediatamente sentí el roce de una rosa en mi oreja, abrí los ojos y miré a Edward acariciándome con un ejemplar rojo hermoso. Sonreí y tomé la rosa en mis manos para luego abrazarlo y besarlo.
—Te amo —le dije sintiéndolo en el corazón, lo dije porque mis labios se atrevieron a pronunciarlo. Porque generalmente la culpa del engaño se presentaba antes y no después de hacerlo.
Me tomó de la mano y me guió hasta la sala de la casa. Nos sentamos juntos y nos miramos como si estuviésemos recién casados.
—Revisa tu cojín favorito —siseé.
Edward tomó el cojín más acolchado y lo sacó de su funda, entonces encontró una caja de chocolates provenientes de la India, eran sus favoritos y sólo los comía cuando yo se los regalaba. Me besó con intensidad y se acostó sobre mí en el sillón, murmurando te amo sin parar y se sentía increíblemente genial. Ya no tenía el nudo en mi garganta ni el dolor en mi pecho, era como si saber que Edward aún era capaz de amarme, reparara todo el daño que le había hecho.
..
En la tarde, Edward y yo teníamos una múltiple cita con nuestros amigos. Siempre salíamos todos juntos en San Valentín; ninguno era demasiado cursi como para decir que ese día era sólo para estar con tu pareja.
Nos reunimos en una heladería italiana que a todos nos gustaba. La elección había sido de Alice, nuestra duendecilla favorita. Era una chica hermosa, de cabellos negros en punta y ojos del color de la plata. Caminaba con dotes de bailarina, como lo que era, lo cual se convertía en sólo una de las razones por las que había capturado a un soldado retirado de los conflictos bélicos con Irak: Jasper Hale. Él era un hombre apuesto, el más alto de todos, cabello rubio y largo y ojos ambarinos que sin duda habían hipnotizado a Alice. Aunque ella insistía que el acento sureño de Jasper había sido lo que la había enamorado.
Estábamos los cuatro sentados esperando a Rosalie y a Emmett, quienes entraron con un porte real que nos dejó boquiabiertos. Eran por mucho los más atractivos de los seis. Apenas pisaron el restaurante, un hombre pelirrojo se acercó a Rose a pedirle un autógrafo (que ella dio mirándolo con superioridad).
Rosalie era oriunda de Nueva York. La más hermosa de todas: rubia y de ojos azules penetrantes, en ellos habían tantas tonalidades de un mismo color que era imposible ver dos motas de un mismo tono. Tenía largas pestañas y unos labios delineados a la perfección. Su cuerpo curvilíneo le valía bastantes millones de dólares, ya que era modelo de ropa interior y de la mejor, por supuesto de Victoria's Secret. No por ello, Rose era arrogante. Lo era, con todos menos con nosotros y la mejor muestra de su humildad era Emmett, un mecánico de autos. Tenía el mejor taller de la ciudad y era el único al que le confiaban BMWs, y Mini Coopers. Era el mejor y no había discusión. Yo, era la única que no llevaba mi carro a su taller, usaba como excusa muchas cosas pero tenía una sola valedera que nunca usaba en realidad. En fin. Emmett y Rosalie hacían una pareja hermosa. Él era fornido y de ojos y cabello café. Pero con un brillo particular en ambos. Rosalie se había enamorado de su sonrisa y él de sus ojos.
—Alice me quiere engordar —dijo Rosalie sentándose en la mesa.
El camarero apareció en la mesa de inmediato y cada uno hizo su pedido.
—¡Qué hipocresía pedir un helado light, Rose! —exclamó Jasper cuando el mesonero se fue.
—¡Qué hipocresía celebrar el día de los enamorados, soldado! —dijo ella con superioridad.
—Los soldados podemos amar.
—Las modelos nos tenemos que cuidar —añadió irónicamente.
—¿Pasará el día en que no estén peleando? —preguntó Edward risueño y todos estallamos en risa.
Las peleas de Jasper y Rosalie siempre le daban un toque de humor al día. Me apoyé en Edward y él me acarició la mano por debajo de la mesa, para luego hacer lo mismo con mi muslo. Me sonrojé y Emmett me dirigió una mirada pícara. Sabía que yo me sonrojaba siempre por un motivo.
Emmett carraspeó y acción inmediata Edward retiró su mano de mi pierna y miró a su amigo en complicidad.
—Rose y yo queremos decirles algo… —anunció el fornido con su voz ronca y gruesa. Miró a Rosalie quien comenzaba a sonrojarse —. ¡Nos vamos a casar!
Alice y yo nos miramos sorprendidas e inmediatamente los cuatro estallamos en aplausos.
—¡Enhorabuena! —exclamó Edward —. ¡Me alegro muchísimo por ustedes!
Todos acompañamos las felicitaciones de mi esposo y nos paramos para darles un abrazo a la pareja en cuestión.
—No llevo anillo para no alertar a los paparazzis. Ya saben cuánto odiamos a los periodistas —agregó irónicamente mirándome a mí.
Todos estábamos casados. Todos menos Rose y Emmett y eran los que tenían más tiempo juntos. Teníamos tiempo esperando que Emmett se atreviera a dar el gran paso. Rose constantemente nos expresaba su frustración con respecto a las demoras de su novio, pero Alice y yo sabíamos que él lo hacía porque quería tener un capital económico con el que mantener a su futura esposa.
—Daremos una fiesta este sábado en casa de Rose. Todos nuestros amigos estarán allí.
—El sábado no podremos ir —argumentó Edward y me quedé fría, no recordaba que tuviéramos planes.
—¿Cómo que no? Dije y repito: todos nuestros amigos estarán allí. Todos, ¿Captaste esa parte?
—Lo siento muchísimo, Emmett.
Rosalie me miró triste y yo miré a Edward a mi vez.
—Ya, que es mentira, no se tienen que poner a llorar.
—Me engañaste, hermano —dijo Emmett risueño y Rose lo besó justo en los hoyuelos. Todos volteamos incómodos y el mesonero llegó con nuestros helados.
Comimos entre chistes y recuerdos de la secundaria. Amábamos reunirnos cada San Valentín, hablar de cómo nos iba en pareja y por un momento olvidar todos los problemas que atestaban nuestros corazones y cabezas. Al menos para mí era así.


¿Quién odia a Bella? :)
Besos & un Jacob
RobinWolfe
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2 comentarios:

  1. Aaaaahh!

    Nunca me habia imaginado a Bella de esa manera...
    Fue distinto y genial :D, asi obvio, ¡Como no odiar a Bella!

    Que hdoefheofboerfoen23"#"$#%#$!

    Pobre Edward D:

    Se que decir algo contra Jacob aqui no es buena idea pero ________!

    que Jake tan $#&%#$"#@@@gfgoegogbo0bgo0rbgt04u!!!

    :D

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  2. YO SIEMPRE LA HE ODIADO! AJAJJA LO SABES!!! Ahora mucho mas! Robin! Amo como escribes! eres fantastica!!!!
    besos
    michelle

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Robin Wolfe