12 may. 2010

Amor Humano - Capítulo 3

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Summary: Rosalie Hale se va a casar con Royce King, mientras Emmett sufre en silencio por la rubia que desconoce su existencia. Pero ¿es Royce el hombre para Rosalie? Emmett/Rose.
Disclaimer: Los personajes, así como la historia base de Rose/Royce son de Stephenie Meyer; que Emmett viva en esa época es mío (Y Emmett es mío también).




3
(Emmett)
Caminaba por las calles cuando la noche ya estaba entrada. Mis amigos —aunque no estaba seguro de que ellos me siguieran llamando así —habían ido a tomar a un bar de mala muerte, pero yo había optado por la caminata a solas. Aquella típica caminata que se hace cuando estás a punto de perder algo que amas. Algo que jamás tuviste.
La mujer de mis sueños se casaría en pocos días con el despreciable Royce King. Despreciaba y despreciaría por siempre la forma en que alardeaba que había conseguido a la chica más bonita de Nueva York. No hacía más que referirse a ella como un objeto, "es la más sexy" "es la más hermosa". ¿Tan siquiera la había visto a los ojos? ¿Tan siquiera la quería? Sabía que para ambas preguntas la respuesta era no. Pero ¿qué podía esperar yo? Era un pobretón, sin lugar donde caer muerto, y peor aún, sin lugar donde andar vivo. Un pobretón enamorado de esa mujer inalcanzable.
Rosalie Hale. ¿Por qué tenía que amarte sin tenerte?
El día que la conocí, el día que estrechó su mano con la mía. Un hormigueo recorrió la piel que ella rozaba, como pequeños choques eléctricos, que sabía, sólo ella podía generar. Para mí, era como si el Universo hubiese dicho "fueron hechos para estar juntos". Ella, probablemente no sintió nada. Ella, seguramente no recuerda que me conoce. No sabe quién soy y jamás lo sabrá. Podría, si fuera un poco más valiente, hablar con ella, explicarle que Royce no le conviene, y después tal vez cagarla con un "te amo" en un suspiro idiota sin sentido. Podría, por horas, soñar con sus cabellos rubios flotando de un lugar a otro al son del viento, podría, incluso ser su sirviente si eso me permitía verla a diario. Quería mirarla por días en sus vestidos elegantes, aquellos que parecían absurdamente cortarle la respiración, pero ella los llevaba con tal gracia, que nada parecía afectarle.
Suspiré derrotado. Jamás sería el hombre para Rosalie. De ningún modo me atrevería a hablarle.
La noche estaba oscura. Era diciembre de 1933, el invierno aún no comenzaba oficialmente, pero la noche había llegado antes de lo esperado, los faroles no se habían encendido y los susurros de la noche parecían los de una escena macabra. Si hubiese tenido alguna razón para querer despertarme al día siguiente, hubiese apresurado el paso, pero ¿qué motivo podía tener yo?
Me recosté en la pared de la Iglesia, arrastrándome por ella hasta caer al suelo en cuclillas. Me sentía totalmente derrotado y sin ánimos. Había perdido todas las oportunidades que difícilmente había conseguido. Había perdido a Rosalie Hale sin ni siquiera tenerla.
El silencio de la noche fue interrumpido…y mis sentidos me advirtieron que la compañía del otro lado de la calle no era buena. El sonido de carcajadas guturales y un escándalo de borrachos, sólo podía provenir de Royce y sus amigos. Aquellos chicos con los que yo podría estar, pero algo, latiendo en mi corazón, me hacía saber que pelearme con Royce había sido una sana decisión. Las siguientes palabras que provinieron de su garganta me confirmaron mis pensamientos.
—Aquí está mi Rose —logré escuchar al otro lado de la calle. La sola mención de su nombre alertó el doble mis sentidos. Me puse de pie de un solo tiro, Royce estaba totalmente ebrio, él y sus amigos estaban más delirantes de lo normal —. Llegas tarde. Estamos helados, nos hiciste esperar demasiado tiempo.
Aceleré el paso.
— ¿Qué te dije John? —preguntó la voz ebria de Royce para luego soltar un hipido. Podía imaginarme su cuerpo balancearse de un lado a otro con la botella en la mano.
John, el tipo de Atlanta. Mis sentidos se alertaron aún más. No se podía esperar nada bueno de John, yo lo conocía bien.
Mis pies se movían sin que yo pensara en hacerlo, la adrenalina corría por mis venas haciendo que correr fuera mucho más sencillo. Las carcajadas y comentarios idiotas no cesaban.
(Rosalie)
—Déjame en paz —murmuré con la voz atrapada en un nudo. Royce no pareció escucharme y arrancó la chaqueta de mis hombros haciéndola tiras.
—Paz… Yo te daré paz, te daré todo lo bueno, Rosalie Hale. Pero primero debes demostrarme que vale la pena.
Sus labios y dientes permanecían apretados en una sola línea mientras hipaba de lo ebrio que estaba. Dejo caer la botella a un lado y me apretó con fuerza, sentí la fuerza de sus manos sobre mi delicada piel.
Las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro. No quería llorar, no quería mostrarme débil frente a él. Necesitaba ser fuerte. Deseaba escupirle la cara y patearle en la entrepierna. Pero no podía hacer nada de eso mientras mi cuerpo temblaba, mi visión se tornaba borrosa y sus manos maltrataban mi cuerpo.
Sus amigos acompañaban sus acciones con carcajadas idiotas.
—Desnúdala de una vez, Royce —sugirió uno de ellos, el más alto. Busqué entre ellos una mirada amable, alguien que se opusiera a lo que estaba a punto de ocurrir, pero todos parecían ansiosos por más.
Mi cuerpo temblaba y le decía que dejara de hacerlo pensando en que eso les excitaba más. Las manos rudas de Royce arrancaron mi sombrero, lo cual estuvo acompañado por un grito de dolor de mi parte, las agujas que lo sujetaban a mi cabeza me rasguñaron y sentí que comenzaba a perder sangre. Royce me tomó por la cabeza y la cintura y me dejó caer al suelo bruscamente. Caí sobre la botella hecha pedazos y sentí los cristales clavarse en mi espalda y en mis brazos. Reprimí todos los gritos que quería expulsar. No quería que pensara que eran una expresión de placer.
¿Por qué me tenía que hacer esto? Me sentía tan estúpida. De verdad había pensado que Royce me podría llegar a amar.
Rompió mi vestido haciéndolo trizas, mientras las lágrimas corrían por mi rostro y cuello. Mi piel quedó exhibida a sus ojos hambrientos y sus manos rudas. Maltrató mis senos descubiertos, rasguñó y mordió mi piel sin ninguna delicadeza.
Sus manos recorrieron mi cuerpo, tocaron mi intimidad. Sus dedos me penetraron asquerosamente. Incluso las lágrimas me abandonaron. La rudeza de sus manos en una intimidad seca sólo me producía dolor, el saber que le entregaba una parte de mi virginidad a un bastardo que odiaría eternamente y el dolor punzante de los vidrios en mi piel me hacía pensar que poco a poco, mi corazón dejaría de latir. Me resistí a lo que pude, golpeándolo en la cara, pero no podía hacerlo con facilidad. Miré la luna brillante en el cielo y me resigné a que nada me salvaría. Me soltó solo para desabrochar su pantalón, el tintineo de la hebilla de la correa produjo escalofríos por toda mi piel. Sus manos regresaron a mi cuerpo, tocándolo bruscamente, sus dedos penetrándome. Ya no había salvación
— ¿Quién anda ahí? —preguntó una voz ronca. Rogué porque se tratara de alguien de mi confianza, alguien que me salvara y no otro salvaje que venía a violarme.
Royce me miró espantado y corrió junto a sus amigos, alejándose de mí. Dejándome ahí, mi cuerpo sangrando y mi corazón doliendo en cada latida. Si me iba a morir, por favor que fuera ya.
—Rosalie—la voz difusa pronunció mi nombre y traté de abrir los ojos. Me encontré con aquella mirada que había visto en mis sueños y en algún otro lugar que no lograba recordar —. Estarás bien —prometió y supe, que mi ángel guardián había acudido a salvarme, aunque tal vez, ya era demasiado tarde.


(Emmett)
Señor Hale —me llamó el doctor a cargo.
Había tenido que decir que era hermano de Rosalie para poder acompañarla.
— ¿Sí? —pregunté nervioso. Estaba listo para recibir las peores noticias.
—Pase por favor, la señorita está reaccionando.
Sentí un peso caer de mis hombros y solté aire pausadamente. Caminé por el pasillo mientras el doctor me daba algunas indicaciones de su estado, entré al consultorio y miré al ángel reposando con la cara de terror con que la había hallado. Rosalie reposaba en un catre blanco, color que predominaba en toda la habitación. Daba la sensación de estar pisando el cielo.
El doctor me dejo solo con Rosalie y fue cuando noté la locura que había cometido. Cualquiera de los demás pudo decir que era un Hale, venir aquí y violarla sin pudor.
— ¿Quién eres? —preguntó aterrada mientras yo cerraba la puerta de la habitación.
Me volteé esperando que me lanzara una almohada o algo peor. Sin embargo, algo en mí la calmó, en el momento en que nuestros ojos se encontraron fue como si ella supiera quién era y por alguna razón no me tuviera miedo.
—Soy Emmett McCarthy, fingí ser tu hermano para poder estar aquí.
— ¿Y de dónde proviene el interés?
—Digamos que me siento culpable por lo que te pasó… —suspiré —. Digamos que conozco a esos tipos.
—También yo —murmuró ella bajando la mirada.
—El doctor dice que en cuanto quieras puedes irte a casa, sólo tienes unas vendas en la cabeza y unas cuantas heridas, ninguna profunda. Nada de qué preocuparse. Necesitas un poco de reposo. ¿Quieres que llame a tu papá?
—No quiero ver a ningún hombre ahora.
—Bien, entonces te dejaré sola.
—No… yo… no es que no te considere hombre —dijo sonrojándose —, pero me gustaría que te quedarás.
—De acuerdo, Rosalie —asentí con una sonrisa.
—Tienes unos hoyuelos como los de Henry —sonrió sentándose en la cama, me acerqué para ayudarla pero ella rechazó el contacto.
Me aparté y tomé asiento en el sillón destinado al acompañante.
— ¿Quién es Henry? —pregunté sintiéndome un poco rojo, tal vez porque siempre me habían apenado mis hoyuelos.
—Es el hijo de Vera, mi mejor amiga… ¿Te había visto antes? —preguntó repentinamente.
—Sí, Roy… ya nos habían presentado.
Ella tembló al notar que iba a nombrar a Royce y las lágrimas comenzaron a correr por su rostro, instintivamente acerqué una mano para secar su dolor —como si pudiera —y ella de nuevo me rehuyó.
—Lo siento —murmuré.
—No, yo lo siento. Lamento que me tuvieras que encontrar como una muñeca de porcelana rota, quisiera estar completa para ti.
—Sé repararte —afirmé con una sonrisa que a ella se le contagió aunque seguía llorando.
—Entonces eres un mecánico —murmuró secando sus propias lágrimas.
—Algo parecido —sonreí.
— ¿No te había visto en otra parte? ¿Aparte de con…?
—Trabajaba para Dana, y creo que mencionó que su vecina se llamaba Vera.
—Ah, tal vez te vi en Brooklyn alguna vez…
— ¿Por qué lo preguntas?
—Me parecía ya conocerte, como si ya te hubiese visto. Tal vez te pareces a Henry, tiene el cabello como tú, y por supuesto —dijo sonrojándose de nuevo —, los hoyuelos.
— ¿Te gustan los hoyuelos?
Asintió mordiéndose el labio inferior y se acostó de nuevo quedándose dormida al instante. Deseaba acariciarla y velar sus sueños, pero supuse que parecer un acosador no era lo apropiado. Respiré su olor y salí sigiloso de la habitación.
—Doctor Cullen —el hombre rubio volteó y me miró curioso.
—Quisiera que le avisaran a los señores Hale lo ocurrido.
— ¿No puede avisarle usted? —preguntó él asumiendo que yo sí era su hermano.
—No estoy relacionado con ella. Sólo quise ayudar.
Supuse que me sermonearía, pero el hombre parecía demasiado amable. Como si conociera todo lo que sucedía a su alrededor. Sólo asintió y llamó a una enfermera.
—Cualquier cosa, igualmente me pueden contactar. Estoy casi 24 horas despierto.
—Seguro, señor McCarthy.
No reparé en que nunca había dado mi verdadero apellido. Simplemente abandoné el hospital, con el corazón roto por lo que le había ocurrido a Rosalie y con una esperanza de que fuera yo quien la ayudara a sanar, que ella, estuviese dispuesta a que yo fuera el doctor de su corazón. Me fui caminando, los faroles ya encendidos, y en mi corazón brillando una nueva esperanza, una nueva oportunidad, de conquistar a ese ángel que yo sí era capaz de amar, aunque fuese un montón de cristales rotos, yo conocía la fórmula para unirla de nuevo, y que fuera una princesa de diamante que nadie tuviera la fuerza de romper.


Besos & un Emmett ;)
RobinW

2 comentarios:

  1. Robin sabes que me encatra este fic miles de besos estare atenta .... amo a ese emmett asi todo entregado a su amor por Rose

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  2. hermoooozo! ^^ cuando lo terminaras?

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Robin Wolfe