19 abr. 2010

Encuentro de Ensueño - ¿Final Feliz?






Disclaimer: La familia Cullen, Denalí y Vulturi pertenecen a Stephenie Meyer; el resto de los personajes son míos.
Summary: Mary termina su libro de “Amanecer” y se siente muy deprimida, pero una serie de eventos la harán pensar que la fantasía puede llegar a ser real.


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¿Final feliz?




La escuela era sin duda uno de los pesares más grandes de mi vida, y mi vida sólo tenía dos: la escuela y mis padres. Y los dos se relacionaban abiertamente. La escuela sería genial si mis padres no me presionaran a obtener buenas calificaciones, y mis padres serían geniales si ellos no fueran tan preocupados por la escuela.

Odiaba hacer tareas o tener que estudiar, y más cuando tenía mejores cosas que hacer. Cualquier cosa que no fuese un deber era algo mejor que hacer. Había millones de cosas que disfrutaba hacer, pero en tanto se convertían en un deber, se tornaban aburridas y agotadoras. Ésa era la principal razón por la que no deseaba ir a la universidad. Parecía demasiada responsabilidad. 

Aquel día debía entregar una tarea que no había hecho. Para mi suerte, un profesor faltó y podía terminarla —o empezarla —en esa hora.






— Lo tengo —sonrió Vanessa con el cuaderno en la mano. 
— Bien, tráelo. 

Vanessa traía un cuaderno desde el otro lado del salón —donde se sentaban las inteligentes—. Se sentó y comenzamos a transcribir las palabras a  nuestros cuadernos. No tenía ni la más mínima idea de lo que estaba copiando, sólo me importaba que aquellas palabras valdrían el 20% de la nota definitiva.

—  Mañana cumplo tres meses con mi novio 





—  ¿Ya? Pero si hace dos días cumpliste dos meses —reí irónicamente. 
—  Sí, pasa volando... Ay Mary lo tienes que conocer —dijo en un suspiro. Cada vez que iba a conocer al famoso Luis, algo pasaba: las estrellas y los planetas se alineaban y no había forma posible de que lo conociera. 
—  Algún día —rodé los ojos —. ¿Qué le vas a regalar? 
—  Ay, algo hermoso, hoy vas a mi casa ¿no? —Asentí —, me recuerdas y te lo muestro. 

Cuando las clases acabaron, me fui junto con Vanessa a su casa. A mi mamá le parecía un abuso que yo fuera tan seguido para allá, pero yo prefería eso a tener que ir a mi propia casa. Su madre era un amor y hacia la comida más deliciosa.







El problema con mi madre era que ella quería parecer una madre perfecta, pero ante mi ella no encajaba con esa definición. Se preocupaba más por la imagen que proyectaba al exterior, eso me disgustaba y por eso no conversaba con ella. Le ponía verde que me gustara una comida que no fuera la de ella y eso me ponía a mí, azul. 

Luego de que comimos, fui con Vanessa a  su cuarto, abrió su armario y sacó una pequeña caja

—  Mira





Extendió la caja y yo la tomé. Adentro había millones de chocolates y papeles recortados en diferentes formas con frases de canciones e incluso de Romeo y Julieta. Vanessa no era una aficionada de la lectura —dudaba que en su vida hubiese leído algo —pero había visto la película y había buscado todo el diálogo en internet, al menos se lo había leído entre líneas para extraer algo de uso.







—  ¡Qué lindo Vane! 
—  ¿Verdad? 
—  Demasiado —afirmé.

— ¿Qué me regalará él? —preguntó despreocupada.
—Hmmm, si no sabes tú, menos yo.
—Ay seguro unas rosas o algo así. Él es tan perfecto —suspiró. 






Cuando yo estaba sola en mi casa, no sentía necesidad alguna de tener un novio, pero cuando Vane hablaba tantas maravillas del suyo, algo se me retorcía en el estómago. Sin seguridad sobre si era envidia o reales deseos de sentir aquel amor, me comenzaba a imaginar al chico perfecto, sin más resultados que aquella criatura fantasiosa que no existía en el mundo real.

Antes de que iniciara a ocultarse el sol, llamé a mi papá para que me buscara. La razón por la que me había quedado tanto tiempo era porque iba a estudiar para un examen, y sabía que si iba a mi casa, no tendría eso en cuenta, no cuando me quedaban cien páginas para terminar mi libro de Amanecer. 

Mi papá me recogió y apenas llegué a mi casa tomé el libro y comencé a leer. El tiempo se detuvo y cada segundo invisible se convirtió en perfección. Aquel era el libro que me había tomado más tiempo leer, y no guardaba ninguna relación con que fuese el más largo, sino que sabía que me sentiría extraña cuando se hubiese acabado. 






«Y luego seguimos con gran felicidad en esa pequeña habitación pero perfecta para nosotros, por siempre»


 Era el final perfecto, el que la historia merecía, entonces… ¿a qué se debía el vacío en mí? Sentía un agujero en mi pecho, como Bella en Luna nueva. Llené mis pulmones de aire y casi sentí la necesidad de llorar. Aquel era un final feliz, ¿por qué rayos lloraría yo?






¡Vaya ridícula! Si me ponía a llorar en aquel momento, merecía ser atacada por los Vulturi… Apreté los dientes. ¿Es que ahora solo iba a hablar en términos “Twilight”? ¿O era algo momentáneo?... Eso esperé.

Cuando mi mamá me llamó a cenar, coloqué el libro a un lado, lo cerré y pasé mi mano por la ficha de ajedrez impresa en él. Suspiré y fui a cenar.

Mientras cenaba no hice más que pensar en mis libros. Consideré otros finales, e incluso otros principios... Fue cuando me di cuenta que el inicio de la historia estaba difuso para mí. Claro, debía empezar a leer la historia nuevamente para poder atajar otros detalles. 

Cuando terminamos de cenar, corrí a mi cuarto y tome el primer libro de la saga: Crepúsculo. Leí el prefacio y me di cuenta que no era capaz de releerme la historia nuevamente, porque yo era ese tipo de personas que si tenía demasiada afición por algo, lo usaba, lo veía, lo olía —según el caso —y me terminaba hartando, hasta el punto de odiarlo, y jamás quería sentir eso por mi saga. 

Después de bañarme, me fui a dormir, aunque no tenía sueño y deseaba ser vampiro —o al menos no tener clases al día siguiente —para no tener que dormir. 

Para mi buena suerte soñé con Edward Cullen, aquel personaje ficticio tan perfectamente creado... Era divino soñar con él, pero estaba segura de lo poco saludable que resultaba. Era masoquista soñar con aquel vampiro —ficticio —y esperar que en este mundo hubiese algún detalle de él en algún humano. Parecía imposible. Ningún humano jamás sería tan perfecto. No, pero yo no pedía tanto. Yo me conformaba con un detalle. Un detalle bastaría.


Me desperté para ir a la escuela sin ánimo —como era usual —me alisté. Cuando llegué a clases, me sentía totalmente fuera de lugar. Lo que me reconfortaba cada mañana desde hacía un mes, era que una vez que se hubiesen acabado las horas en el Instituto, llegaría a mi casa a encerrarme en mi lectura.


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Robin Wolfe

3 comentarios:

  1. Hola¡
    Permiteme presentarme soy Catherine, administradora de un directorio de blogs, visité tu blog y está genial,
    me encantaría poner un link de tu blog en mi sitio web y así mis visitas puedan visitarlo tambien.
    Si estas de acuerdo no dudes en escribirme a munekitacat@hotmail.com
    Exitos con tu blog.
    Un beso
    Catherine Silva

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  2. hola
    me presento me llamo stella tu historia es muy buena y algo parecida a mi vida real esecto q no soñaba cn Edward, no soñaba con el sino aun mejor con un ser divino un vampiro los sueños duraron 7 meses y medi cuenta de sucesos algo furea de lo comun pero ya no sucede nada. Solo me preguntaba tu viviste estos sentimientos de querer llorar xq te sentias basia al terminar uno de los libros y fuera de lugar o fue imaginacon?
    nose si te interese pero te podrias comunicar con migo aqui
    stelita_gt@hotmail.com
    te cuidas ^^

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  3. hols me llamo valentina quisierra felicitarte por tu escritura es buenisima tambien escribo sobre vampiros y me diste una idea. anque no lo creas mi vida se parece mucho a la de bella pero dejando delado los vampiros y metamorfos, se parecio en especial en luna nueva cuando mi novio se fue a la marina por 4 meses siquieres contactarme escribeme a valeotaku13@hotmail.com o vella.jorquera17@gmail.com. sigue asi saldras adelante muchas suerte.
    valentina jorquera

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Robin Wolfe