23 abr. 2010

El último fénix - Mundos Paralelos


Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Summary: Jacob fue el mejor amigo de Bella cuando Edward se fue, sin embargo, Bella elige a Edward y hace un pacto con Jacob: verse y entregarse su amor cada 13 de febrero.

Este capítulo va para Melissa, porque hoy es su cumpleaños & porque me da la grandísima gana ¡Feliz Cumple Meliii! 











1
Mundos paralelos
«La muerte es más universal que la vida, todo el mundo muere, pero no todo el mundo llega a vivir»
A. Sachs


(Bella)
El reflejo frente al espejo podía confundirse con facilidad con una sombra o un zombie. Me había convertido en un ser no viviente por el simple hecho de que lo había decidido así. Las ojeras que marcaban mi rostro no eran más que las muestras físicas de que hacía mucho no dormía bien, la cara pálida y los dedos amarillentos, muestra de mi nuevo vicio; aquel que critique innumerables veces y prometí jamás tener.
¿Qué valían los juramentos para mí? Había dicho ante la ley que amaría y respetaría a mi esposo, que le sería fiel; no cumplía nada de eso. Nada. No por su culpa, porque maldita sea, Edward es demasiado bueno. Y yo, la esposa puta que él se tenía que encontrar.
Fui al baño por décima-quinta vez en la última hora, comencé a cepillar mis dientes con ahínco. Quería eliminar cualquier resto de aliento a nicotina, aunque probablemente él lo notaría de igual manera.
Enjuague bucal para mis dientes y alcohol para mis manos en un intento de quitar el tono amarillento que ambos habían adquirido.
Comencé a dejar que mi imaginación volara, disfruté de la idea de que mañana estaría entre sus cálidos brazos, probando sus ardientes labios, sí, se comenzaba a sentir de maravilla cuando un gélido roce me devolvió a la realidad.
— ¿Te asusté? —preguntó Edward susurrando a mi oído.
—Me sorprendiste —dije volteándome hacia él.
Pasó un dedo desde mi mejilla hasta mi cuello, donde luego posó sus labios; pasó una de sus manos por detrás de mi cuerpo, cerró el grifo de agua que seguía abierto y me subió al borde del lavamanos.
—Las sorpresas son generalmente buenas —dijo bajando los tirantes de mi franelilla —. ¿Tienes frío? —preguntó con una sonrisa torcida, mientras mi piel se escalofriaba y mis pezones se endurecían.
No respondí a su pregunta con doble sentido, él, me cargó y comenzó a dirigirme a la habitación — donde teníamos calefacción —, pero nos fue imposible llegar hasta allá. Íbamos por el pasillo que salía del baño y ya nos estábamos deshaciendo de la ropa — de la propia y de la del otro —.
—Edward —era todo lo que podía gemir mientras me aferraba a su cabello cobrizo y besaba su piel bañada en sudor; no me salían esas palabras de amor que solían acompañar nuestros encuentros y a mis latidos desbocados. No podía decirlas cuando mañana le sería infiel, una vez más.
No podía decirle que lo amaba, me negaba, pero sí lo sentía. Amaba a Edward Cullen, pero a la misma vez, amaba a Jacob Black. Era una maldita puta que amaba a dos hombres aún después de haber elegido a uno sobre el otro.
..
Una hora después ambos reposábamos sobre la cama con sábanas de seda y los almohadones de pluma. La respiración de Edward era pasiva y silenciosa, jamás me pude quejar de ronquidos o de que me quitara el edredón mientras dormíamos. Nuestra vida matrimonial se podía calificar de perfecta. Odiaba tener que serle infiel, sí, sonaba ilógico cuando había sido y era mi elección, pero ¿cómo negarme al hombre de mis sueños, a aquel que me hacía sentir mujer y me llevaba del cielo al infierno y viceversa sin hacer parada en la tierra? Porque con él no caminaba, con él volaba y flotaba. ¿Cómo negarme a ese trozo de felicidad que venía dosificada y prescrita una vez al año? ¿Cómo? No se me ocurría una forma.
— ¿Despierta? —susurró la voz aterciopelada de Edward pasando un brazo por mi vientre.
—Hace tiempo —mascullé besando sus cabellos humedecidos por el sudor.
—Duerme un poco más —dijo acariciando mi piel —. No tenemos nada que hacer más que amarnos.
Era cierto. Edward y yo podíamos vivir eternamente de sus conciertos para piano, había hecho tantas funciones el último mes que no necesitaría hacer hasta dentro de un año, además de mis escritos mensuales del New York Times, que por salir el día de mayor ventas del diario, me pagaban como si escribiera todos los días el periódico entero. No teníamos necesidad alguna de levantarnos alguna vez de la cama, sin embargo, lo hacíamos, para no morir del aburrimiento. Vendíamos postres caseros a pequeños comercios.
—Luces hermosa —dijo con los ojos entreabiertos y una sonrisa torcida en su rostro.
—Tú luces como un dios —dije al tiempo que besaba la comisura de sus labios- Sus manos me colocaron de perfil a él y recorrieron mi columna hasta apretar mi trasero, acción inmediata sentí su erección rozar mi entrada de nuevo y sus manos en mis glúteos acercarme hacia él. ¿Por qué Edward Cullen? ¿Por qué tengo que amarte y al mismo tiempo amarlo a él?
—Te amo —susurró él dejándome helada, aunque nuestra temperatura estuviera lejos del frío antártico que tenía mi corazón.
..
(Jacob)
—No me parece correcto que uses ese short —sugerí con voz gutural mientras rozaba sus piernas pecosas con mis manos oscuras.
— ¿Y por qué no? —preguntó con voz dulce, agitando las pestañas y sonrojándose ligeramente.
—Porque me sale el lobo que llevo adentro —gruñí apretando sus muslos —. Y mato a quien te mire.
—Me gustaba la parte del lobo —dijo al tiempo que se mordía el labio inferior y clavaba sus ojos en mí con la timidez que la caracterizaba en cada parpadeo.
—Que te muerdas los labios, ¿significa que quieres besarme? —pregunté sarcástico.
—Tal vez sólo provocarte —se sentó a horcajadas sobre mí y pasó sus dedos por mi cuello hasta enredarlos en mi cabello, pestañeó y se volvió a morder los labios. Se acercó a mí y me besó en la comisura de la boca, haciéndome querer más, ¿cómo podía? ¿Cómo es que me hacía sentir lo que le daba la gana? ¿Cómo conocía los puntos exactos que me volvían loco? Pensaba que sólo Bella era capaz de causarme todo eso, pero no. Resultaba mucho más placentero con Bella sólo por el hecho de que sus caricias las tenía sólo una vez, una maldita y bendita vez. Porque esperaba un año entero para volver a sentir su cuerpo. El asunto con Lizzie era que hacía todo con tal cariño que era imposible no sentir hormigueos al mínimo roce de sus dedos.
— ¿Cuánto tiempo estarás provocándome?
—No mucho más —dijo y me lanzó hacia la montaña de cojines que decoraban su cama. Me besó frenética y de un momento a otro ya me encontraba yo besando su vientre desnudo, sus senos redondos y absolutamente perfectos, saboreando su piel, su sudor y su flujo. ¿Cómo era tan débil en una cama?
—Eres débil, pero eso me fascina —susurró en mi oído como si leyera mis pensamientos —. Te amo —susurró luego.
Hubiese querido contestarle, decirle que la amaba también, pedirle matrimonio de una vez por todas, pero ¿cómo hacerlo el día antes de serle infiel? Sólo podía tensarme y besarla como si no hubiese dicho nada, como si el sexo fuese más importante que el amor y nunca jamás sería así, no con ella.
—Quisiera que me lo dijeras más seguido —musitó con la mirada triste, castigándome separándose de mí en un solo movimiento —. Alguien me dijo que si no se decía durante las relaciones no se estaba haciendo el amor —abrí la boca para hablar, para decir algo, pero ella no me lo permitió. Su voz dulce se tornó histérica y la sangre subió a sus mejillas, mientras las lágrimas rabiosas brotaban de sus ojos, se los cubrió y gritó con la voz rompiéndosele — ¡Y me juraste que jamás tendríamos "sólo sexo"!
—Y no lo tendremos —aclaré acariciando su cabello que reposaba en la almohada —. Solo entiende, por favor, a veces las palabras no me salen y no las quiero presionar, te lo digo cuando salen y siempre que lo hago es verdad.
Suspiré y ella se dio la vuelta quedando de perfil frente a mí, me besó en la mejilla, la apreté a mi cuerpo y sentí cómo se quedaba dormida entre mis brazos. Admiré a mi ángel, me lamenté de tener que serle infiel, de no poder decirle que la amaba cuando las dos palabras vibraban en mis labios. Me quedé dormido acariciando su piel y aún así, soñé con Bella y de nuevo el sueño parecía hacerme creer una realidad que no existía.
..
Sí, ambos podían dormir abrazando a su pareja. Podían saborear su piel, sus fluidos y negarse a decirles que la amaban para evitar sonar hipócritas o recordarse lo idiotas que eran. Sí, podían hacerlo pero no por mucho tiempo, el amor como el sol no se cubre con un dedo y no se esconde tras una máscara. Porque el amor, siempre querrá salir y dejarse ver.
Sí, ambos podían dormir abrazando a su pareja mientras vivían en ese mundo paralelo en el que esa persona que amaban sólo vivía en sus sueños y representaba ese nunca que marcaba sus corazones. Sí, siempre su corazón tendría esa marca, esa espera, como sus calendarios la tendrían un día como hoy.











Bienvenidas a la historia en sí, espero hayan disfrutado el capítulo
Besos & un Jacob
RobinWolfe
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1 comentario:

  1. el hecho de qe Bella
    tenga una aventura con Jake,
    es mucho mejor de lo qe esperaba.

    Me qede sin paLabras..^^^

    "El amor no se tapa con un dedo,
    mucho menos con el arrepentimiento.
    Porqe sabes qe en tu interior
    sigue ardiendo el deseo"

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Robin Wolfe