9 dic. 2009

Isabella decide amar. 10 "Promesa y compromiso no es lo mismo"




Disclaimer: Todos los personajes, escenarios y nombres pertenecen a Stephenie Meyer. Título adaptado de Veronika decide morir.
Summary: Bella y Edward se comprometen en matrimonio. El deseo y el interés son sus verdaderas razones, pero Jacob Black le probará a Bella lo que es amar. Jacob/Bella/Edward. Todos Humanos.



Capítulo 10
 Promesa y compromiso no es lo mismo


Faltaban 9 horas para la boda y ya los problemas habían comenzado. Bella estaba en casa de Jacob: desnuda y sin la virginidad que se suponía le entregaría a Edward tras la boda.

Bella se levantó de la cama dejando a Jacob durmiendo a su lado, se vistió rápidamente y trató de no hacer ruido para poderse ir. Jacob tenía los sentidos muy agudizados, pero prefirió no tratar de detenerla, sólo haría las cosas más difíciles; él sabía desde el mismísimo momento en que le había quitado su ropa interior, que en el momento en el que el sol saliera la verdad se haría presente y el adiós sería real.

No había más que hacer, ni palabras qué decir. Toda su vida la recordaría, sentiría su olor a fresas en sus sábanas y recordaría el sabor de sus lágrimas saladas, los sonidos que su garganta producía… pero jamás la volvería a tener. Bella se casaría con Edward. Esos eran los hechos.

Bella entró a su casa tratando de no hacer ruido.
-¿Qué tal todo por La Push? –preguntó Billy que no tenía sentido de la discreción.
Bella se quedó fría mirándolo, cerró la puerta a su espalda y Charlie y Renée aparecieron saliendo de la cocina. Billy sonrió.
-Yo… -Bella buscaba una frase coherente que decir, pero no se le ocurrían. ¿Qué podía decir? No sólo no podía ocultar que había estado ahí sino lo que había hecho, su cabello estaba desmarañado, su ropa mal colocada y no había pasado la noche en su casa. –Supongo que todo está bien –dijo encogiéndose de hombros.
-Cariño, Alice dijo que vendría en una hora. –dijo Renée con dulzura.
-¿Vino para acá? –inquirió Bella histérica.
-Para tu suerte, no. Sólo telefoneó.
-¿Una hora?
-Hace media hora, eso dijo.
Bella corrió escaleras arriba, se metió en la ducha aunque no deseaba despegarse del olor de Jacob, pero ¿qué opción tenía? Ninguna en realidad.
Se bañó y se vistió rapidísimo y bajó a sentarse en la cocina con sus padres.
-¿Y Billy?
-Ya se fue. Supuso que ya podría entrar a su casa –dijo Charlie sin usar un tono de regaño.
Bella no dijo nada.
-Voy a ir a la casa de los Cullen, tal vez necesiten ayuda en algo –dijo Renée tomando su bolso.
-Ajam –dijo Bella.
Cuando Renée se hubo ido, Charlie aprovechó para hablar con su hija.
-Bella, sabes que quisiera que no te fueras a casar con Cullen, pero hacerte esto a ti, hacerle esto a Jacob, ¿te parece lo correcto?
Bella negó con la cabeza y se quedó mirando por la ventana, sintiendo las lágrimas agolparse en sus párpados.
-Quería darte esto –Bella se volvió a mirarlo, Charlie tenía en las manos un collar de perlas con un cisne en el centro –es el collar que tu madre usó en la boda, ya sabes, un objeto viejo y prestado.
-Gracias –dijo Bella tomándolo.
-No Bella, es una maldición.
Bella abrió los ojos como platos.
-Renée lo usó y nuestro matrimonio no funciona. No hay suerte que pueda venir de este collar. Repetirás la historia que odias, no hay matrimonio que funcione sin amor.
-Lo sé. Y no te diré que amo a Edward, pero…
-¿Te alejarás de Jacob? –preguntó Charlie en un suspiro.
-Desearía jamás tener que hacerlo.
Bella miró la pulsera del lobo colgando de su mano.
-Dejé el anillo en casa de Jacob –dijo en un susurro –supongo que no estoy comprometida en realidad. Jamás lo estuve, no con Edward.
-El compromiso no se lleva en una prenda.
-Por eso digo, papá. He estado comprometida con Jacob desde siempre y jamás un diamante me lo ha dicho.
El timbre de la casa de los Swan interrumpió la conversación de Bella y su padre. Charlie abrió la puerta dejando pasar a Alice. Ella lo saludó y entró dando saltitos con una bolsa en las manos.
-Hola Bella.
-Alice –suspiró ella.
-Las dejaré solas –dijo Charlie y se fue a la sala a ver la televisión.
-Mejor, tal vez no quieras que tu padre vea lo que te traigo.
-¿Qué es? –preguntó Bella.
Alice le entregó la bolsa.
Bella la abrió renuente, sacando una caja con la inscripción «Victoria’s Secret». Bella suspiró. Extrajo de la bolsa un conjunto bastante comprometedor en color azul, con encajes, bordados y cintas que Bella se preguntaba cómo debía ponérselos. Lo metió todo de nuevo en la caja y en la bolsa.
-Gracias –dijo rodando los ojos.
-El azul es el color favorito de Edward y debes usar algo azul para la boda. Ya sabes, algo azul, algo viejo, algo prestado, algo robado y algo nuevo, ¿lo habías escuchado?
-Suficientes veces –masculló Bella.
-¿Y bien? Ya tienes lo azul, ¿y lo demás? –dijo Alice saltando en la silla, haciendo que su cabello diera brincos sin despeinarla.
-Todo listo.
Alice se quedó mirando el collar que reposaba en la mesa.
-No usarás esto, ¿cierto? –dijo Alice tomando el collar entre sus manos.
-Claro que sí. Es un collar prestado.
-Bella, se supone que las perlas representan lágrimas y son de mala suerte para las novias. No lo usarás.
-Sí lo usaré –dijo Bella arrancándole el collar a Alice –no hay supersticiones, Alice. Un matrimonio funciona sí hay amor, sino no.
-En ese caso, ¿para qué me haces perder el tiempo organizando una boda?
Bella se quedó muda.
-Usa lo que te plazca, incluso esa horrible pulsera que llevas en la mano. Y no uses el anillo de compromiso, ¿para qué? Me pregunto si tan siquiera sabes dónde está.
Alice era demasiado detallista y eso era algo que no estaba a favor de Bella.
-Espero que al menos uses lo que te traje, a Edward le gustará que al menos pueda disfrutar de la ropa interior que verá en su primera vez. En la única vez que los dos tendrán, porque eso es todo lo que quieren: acostarse y nada más. Son repulsivos. –dijo Alice saliendo de la cocina y luego dando un portazo.
Bella no se movió. Se quedó analizando las palabras del duendecillo. Las sentía retumbar en su cabeza.
-¿Te dijo algo que ya no supieras? –preguntó Charlie recargándose en el marco de la puerta.
Bella negó con la cabeza.
-Aún así te casarás, ¿cierto?
-Sí, papá.
-Está bien. Siempre supe que así sería. Dime algo Bella…
-¿Qué cosa?
-¿Amas a Jacob?
-Con cada latido de mi corazón.


Faltaban 7 horas para la boda y Jacob se encontraba en su taller retomando el proyecto de la Harley. Billy entró al refugio de su hijo empujado por Seth.
-¿Qué haces, hijo?
-Reparo una moto –dijo Jacob rodando los ojos.
-Estoy inválido, no ciego –se rió Billy.
Seth se fue del taller sin que nadie lo corriera. Las cosas habían cambiado significativamente entre él y Jacob a causa de todos los problemas con Leah, por más que fuera, Seth siempre querría lo mejor para su hermana y le costaba tolerar que Jacob no la tratara como se mereciera.
-¿Qué harás hoy?
-Tengo mi plan hecho.
-Le prometiste a Bella que irías a la boda.
-Técnicamente, iré.
-¿La amas?
-Más que a ti –se rió Jacob. –Claro que la amo, papá.
-No me digas que te irás por el “si la amas, déjala ir”.
-Eso sería si ella lo amara a él –sonrió Jacob.


Edward estaba acostado en su cama mirando el techo sin moverse y respirando sólo por costumbre.
Hoy me caso. Pensó con tanta tristeza que le pareció increíble.
-¿Se puede? –preguntó una voz femenina entreabriendo la puerta de su habitación.
-Claro –dijo él sin haber reconocido aún la voz de su invitada.
-Hola –dijo Tanya tímidamente y se sentó en el sillón que Edward tenía en la habitación.
-Hola –dijo él sorprendido de que ella estuviera allí.
-Faltan –Tanya miró su reloj –cinco horas para tu boda, ¿emocionado?
-Ah, sí, seguro –dijo Edward tratando de fingir entusiasmo, pero no lo logró.
-¿Y a dónde irán de luna de miel?
-Nada espectacular –dijo él encogiéndose de hombros -¿qué ha sido de tu vida princesa? –Edward se sonrojó y Tanya también. Ése era el apodo que él le solía decir mientras eran novios, pero le parecía tan extraño decírselo sin que fueran nada el uno del otro. Y sin que pudieran serlo.
-Eh…eh –titubeó ella aún pensando en el apodo que Edward le había dicho –na…da príncipe –se le escapó a ella también.
Edward tragó saliva y se le quedó observando fijamente. Tanya era mucho más bella de lo que había sido en los tiempos de la escuela.
-¿Estás listo? –preguntó Tanya.
-Supongo –masculló Edward.
-¿Te molesta si hago algo? –dijo Tanya acercándose a Edward más de lo que él se creía capaz de tolerar.
Edward tragó en seco y sintió el aliento de Tanya golpeándole el rostro. Podía aspirar tanto su aroma que casi sentía que masticaba las nueces de su perfume.
-El que calla otorga –dijo ella con voz seductora. Se acercó más a él y lo besó con pasión en la mejilla. Un simple roce de los carnosos labios de ella y las delgadas mejillas de Edward. Tanya bajó su mano hasta posarse en el miembro de Edward, lo acarició y en un movimiento que a Edward no le dio tiempo de percibir, se había ido de la habitación. Dejando a Edward con un dolor adicional al que había estado sintiendo.
A Edward le pareció una locura recordar todos los momentos que había vivido con Tanya. Habían sido novios durante cuatro años, se habían jurado amor eterno y habían lamentado que la eternidad no fuera tal, que algún día morirían y se tendrían que separar.
Tenían tantos planes a futuro juntos que se arruinaron por no querer vivir el presente; después de todo, aquello parecía ser el pasado… y su futuro no pintaba ningún panorama en el que aparecieran los dos.
-¿Me lo prometes?
-Claro príncipe. Serás el primero en poseerme –prometió Tanya mientras Edward besaba sus nudillos.
-En la graduación.
-No habría ocasión más especial para compartir contigo.
Pero Tanya no había ido al baile y Edward había ido con Bella.
-Buenas noches –dijo Edward despidiendo a Bella en la puerta de su casa. Ella con el deseo ardiendo y él con el remordimiento de igual forma.
-¿No quieres pasar? Mis papás están en La Push…
-No, yo…debo irme. –masculló Edward deseando llegar a su casa y componerle la más triste canción a Tanya. La triste canción que jamás le tocó, porque después de ese día, no la volvió a ver. Porque Tanya huyó dolida pensando que Edward jamás la querría de nuevo, porque rompió con él para hacerse más fácil la vida y terminó con el alma partida pensando que Edward amaba a Bella más de lo que jamás la había amado a ella.
Comunicación. Pensó Edward. El problema que causa todo lo demás.


Bella abrió la puerta con un suspiro y dejó pasar a Esme, Renée, Rosalie y a una Alice que no la miraba a los ojos. Todas llevaban bolsas en las manos y sonrisas hipócritas. Todas menos Rosalie, que más bien llevaba una sonrisa cínica.
-Lo he visto, no habrá boda hoy –masculló Alice.
-¿Ahora eres vidente? –preguntó Rosalie.
-No, sólo hay que ver el rostro de Bella.
Ojalá no te equivoques. Pensó Rosalie.
Las cuatro mujeres comenzaron a vestir a Bella. Rosalie fue la primera ayudándole a atarle las miles de cintas que traía el conjunto que le había regalado Alice. Bella sólo miraba el reloj deseando que se hiciera muy tarde, hubiese un tornado o Edward llamara diciendo “no puedo hacerlo”.
Renée y Esme fueron las siguientes en ayudar, le colocaron el vestido que resultó ser más llamativo de lo que Bella hubiese querido. Se sintió extraña al mirarse frente al espejo proclamando una pureza que no poseía. Se sentía traicionera pero de ninguna forma se arrepentía de lo que había hecho.
Alice comenzó a sacar zapatos –todos de tacón alto –para que Bella se los probara hasta elegir el que le parecía más soportable.
No hubo maquillaje, lo único en lo que la complacieron. Probablemente porque todas esperaban que la ceremonia acabara en llanto.
Alice, Renée y Esme dejaron a Bella con Rosalie por pedido de esta última.
-¿Lista?
-Nunca lo estaré.
-¿Algo que me quieras contar? –sugirió la rubia.
Bella trató de no responder.
-¿Cómo lo sabes?
-Bella, hoy deberías tener el período –dijo Rosalie sin problema.
-¿El qué? –dijo Bella en un grito de pánico.
-Siempre te llega dos días después que a mí.
-Deben ser los nervios, Rose. No me vengas con cuentos. Nadie queda embarazado la primera vez y el período no deja de venir al día siguiente.
-¿Ah no? –dijo Rosalie rodando los ojos.
Jacob estaba parado frente al espejo, acomodando su corbata y peinando su cabello.
-¿Qué es lo que harás? –preguntó Seth mirándolo y bostezando a la vez.
-Es un secreto… ¿me haces un favor?
-Depende.
-Dime que tu hermana está bien.
-De hecho, lo está. Eres una mierda y lo sabes, jamás la había visto tan feliz.
Jacob sonrió y se ajustó la corbata.
-Lo sé. Gracias.
Se acercó a Seth y le dio un coscorrón en la cabeza.
-¿Por qué no eres mujer Seth? Todo sería tan fácil –dijo en chiste Jacob.
Seth se rió. Jacob salió de la casa y se quedó parado con las manos en los bolsillos en el umbral. Vestía como un pingüino, lo cual le parecía estúpido, pero haría lo que fuera por Bella, eso era obvio para cualquiera que lo viera.
 


Lo prometido es deuda... Faltan 2 ó 3 capis. Una vez terminado esto, seguiré con Cuarto Creciente
Reviews?
Robin Wolfe

7 comentarios:

  1. continualo xfavor me e leio todos los capis en un dia!!! dioos me e vicia a tu fic!!xD

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  2. AYYYYYYYYYYY!! no me digas q bella keda embarazada XD es q me mueroooo!!
    AA me duele tanto leer komo mi Edi le es infiel a Bella, aunke sea kon el pensamiento, es q no estoy akostumbrada xD jajajajja
    pero sabes q amo tu fic :)
    y no kiero q termine u.u
    un besito q estes bn BYEEEE ;***

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  3. El amor oculto no puede estar y tus historias nunca lo estarán. Besotes mi "musa"

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  4. AHHHHH A BELLA NO LE LLEGO EL PERIODO!! AHH!!1

    YO NO KIERO KE AKABE!! NOOOO!!!! TE AMO ROB!! ERES TALENTO UNIXO NENA!!

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  5. no lo termines plis es fabuloso es una bomba
    wow es ke ya me encariñe con este fic aahhhh

    excelente trabajo

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  6. que lindooo!! me encanto el capitulo ¿Esta embarazada? OMG me muero me voy, voy a leer jejeje

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  7. El fruto del amor está por venir, la amargura de la equivocación quizás llegue al fin. Besotes mi Robin

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Robin Wolfe