20 oct. 2009

Isabella decide amar. 3. "Amargos secretos"

Ida by Melissa

Gracias a Melissa (: por la imagen ^^

Disclaimer: Todos los personajes, escenarios y nombres pertenecen a Stephenie Meyer.
Summary: Bella y Edward se comprometen en matrimonio. El deseo y el interés son sus verdaderas razones, pero Jacob Black le probará a Bella lo que es amar. Jacob/Bella/Edward. Todos Humanos.

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Capítulo 3. Amargos secretos

Bella POV

Toqué la puerta delicadamente, una parte de mí deseaba que nadie abriera, que no hubiera nadie en casa de los Cullen y pudiese irme corriendo, a mi casa o a La Push, a donde me llevara el motor…a donde me llevara mi corazón.

Estaba dando media vuelta cuando escuché mi nombre detrás de la puerta y cómo movían los seguros. Los ojos verdes de Esme me miraron curiosos, me sonrió y me invitó a pasar.

Entré sintiéndome incómoda, aunque desde que era novia de Edward vivía más en casa de los Cullen que en la mía propia. Suspiré para mis adentros para que Esme no notara mi incomodidad. No debía haberle dicho a Jacob que me casaría, debía haberme fugado de Forks, casarme y un día volver por mis cosas tal como dijo Esme que haríamos si no nos daban apoyo ¿Para qué nos habían apoyado? ¿Por qué nos daban su bendición? Sentía que mi cabeza era un nudo, y no sabía cómo desamarrarlo.


-Cariño, estás empapada. Deja que te busque algo de ropa de Alice.

No recordaba que me había mojado bajo la lluvia, sólo sentía un frío recorrerme el cuerpo, pero tenía tantas cosas en la cabeza que aquello era lo que menos me importaba.

-No, tranquila. No estaré mucho rato.
-¿Está todo bien? –preguntó Esme, ella era una mujer muy intuitiva, una madre de corazón.
-Sí…sólo estoy cansada –no sabía qué decirle. Nada estaba bien de hecho, pero ¿cómo decirle que mi problema era que no sabía si estaba realmente enamorada de su hijo?
-¿Por qué no te vas a tu casa y duermes un poco? Si quieres le digo a Edward que pase más tarde por allá.
-No, la verdad necesito hablar con él ahora.
-Bien, entonces sube, pero te daré ropa seca.

Asentí con la cabeza y comencé a subir las escaleras. Parecía como si le pidiera permiso a un pie para mover el otro, estaba subiendo a paso de tortuga, la verdad es que no quería llegar a mi destino.

Mis dedos rozaban el pasamano como si jamás lo hubiesen hecho antes, sintiendo su textura, su frialdad. Cada detalle de él. Retardando lo inevitable.

Cuando por fin llegué arriba, mis pies se movieron por inercia al lado derecho, donde estaba la habitación de Edward. Cuando estuve frente a su puerta, fue que noté que él no estaba allí. Escuché su voz como desde el estudio de Carlisle y comencé a caminar hacia allá lentamente.

Nunca me habían dicho que tenía la entrada prohibida a ese estudio. Sin embargo a mí me daba pánico entrar allí, no sabía exactamente la razón.

Me paré junto a la puerta tratando de afinar el oído –una actividad que no se me daba nada bien –pero tenía que intentarlo al menos.

-Entonces si el paciente comienza a convulsionar se puede aplicar esto –dijo Edward desde adentro. La puerta estaba cerrada y eso dificultaba más que yo pudiese oír algo.
-Sí, pero no es demasiado ético –alegó Carlisle –fueron los doctores de la Edad Media quienes descubrieron esta sustancia, pero en aquella época no existían los abogados –soltó una risa discreta y Edward la acompañó.

Escuché cómo caminaban de un lado al otro del estudio.

-Este libro –me podía imaginar a Carlisle desempolvando un viejo ejemplar –es uno de los mejores que existen. Puede que ya esté desactualizado, pero hay cosas que jamás cambian.
-Ahora todo es más tecnológico, papá.
-Lo sé, pero tiene unos consejos que me gustaría que revisaras.
-Gracias.
-¿Hijo?
-¿Pasa algo? –preguntó Edward. Reconocí el tono de preocupación en su voz.
-No, no realmente.

Se escuchó el chirrido que se produce al mover un mueble en un piso de madera y luego la voz de Carlisle otra vez:
-Sólo quería decirte cuan orgulloso estoy de ti.
-Papá…
-No, déjame hablar. Cuando naciste tu madre y yo no lo podíamos creer, fue un embarazo muy complicado y yo mismo no me vi en capacidades de controlarlo. Llegaste a nuestras vidas y nos hiciste muy felices.
-Ustedes me han dado todas las facilidades.
-Porque las mereces, hijo. Cuando me dijiste que estudiarías Medicina, fui el hombre más feliz del mundo, no sabes la fiesta que estalló en mi interior.
-Casi me la puedo imaginar –rió Edward.
-Y ahora, a tan sólo un año de graduarte. Estoy tan orgulloso.

Algo dentro de mí dolió, y lo hizo con fuerza. Sentía que acababan de clavarme una puñalada por la espalda, mi corazón se aceleró y sentí que el Edward Cullen que yo conocía no tenía nada que ver con aquel que se encontraba charlando con su padre.

-¿Bella?

Pegué un grito de terror, como si acabara de ver un fantasma ante mí. Exhalé aire y miré a Esme que traía una toalla y ropa seca en sus manos. Me miró extrañada y yo me sonrojé. ¡Por Dios! Me acababa de ver espiando a su esposo y a su hijo.

La puerta del estudio se abrió de golpe, sentí que el color de la pena se escapó de mi rostro. Ahora debía de lucir más pálida que un vampiro.

-¿Bella? –musitó Edward, otra vez noté la preocupación en su voz. Lo miré indignada y tomé la ropa que me ofrecía Esme.

Comencé a caminar hacia el cuarto de baño. Quería lucir fuerte, una mujer decidida, pero mi torpeza me traicionó y terminé llegando casi arrastrada tras resbalarme con las trenzas de mis zapatos.

Tranqué la puerta con seguro y me recosté a ella para poder llorar como deseaba.

Minutos después me levanté. Me quité la ropa húmeda y me sequé el cuerpo. Me miré al espejo y noté que mi cabello era una maraña, pero no tenía ánimos de arreglarme, no quería lucir bonita para Edward, quería salir y darle un bofetón.

Me coloqué la ropa de Alice que me quedaba un poco corta. Era un simple pantalón y un suéter de mangas hasta los codos.

Tomé la ropa húmeda y salí del baño.

Me asomé al cuarto de Edward, donde él me esperaba mirando a la ventana, signo claro de que estaba nervioso, y mucho.

Suspiré audiblemente y me dejé caer sobre su cama.

-¿Y bien? –dije tratando de sonar molesta.
-Bella… no sé por dónde empezar.
-Me gustaría mucho que fuera por la verdad –alcé una ceja cuando él volteó a mirarme.

Edward caminó hacia la puerta y la cerró delicadamente, tomó asiento frente a mí, en un sillón de cuero negro. Me miró tratando de saber qué tanto había escuchado o qué tanto podría seguirme ocultando.

-No tengo tiempo para esto, Edward Cullen ¿sabes la cantidad de mentiras que hay detrás de esto?
-Bella, las cosas no son como parecen.
-Pues no se qué “parecen” para ti –señalé las comillas con los dedos –porque para mí todo parece una mentira, ¡y la es!
-Bella…
-No, no me vengas con “Bella” –volví a usar mis dedos para las comillas –háblame con la verdad Edward. ¿Te das cuenta de la gravedad de esto? Nos vamos a casar en dos meses, y yo no tenía idea de que tú estuvieras estudiando.
-No estudié durante un tiempo, pero después me di cuenta de que no podía mentirle así a mi papá. No sé que tanto hayas oído, pero el discurso de “soy un padre orgulloso” me lo da cada mes. ¿Te imaginas lo que era recibirlo y saber que no debía estar orgulloso de mí?
-¿Y por qué demonios no me dijiste que habías regresado a la universidad? ¿Crees que me molesta que estudies?
-Te veías tan feliz cuando te dije que ya no estudiaría…
-Porque tendrías más tiempo para mí, pero Edward a mí también me parecía horrible que tuvieras que mentir. Tus padres son maravillosos y yo…ah…no sé qué decirte.
-No tienes nada qué decir. Soy yo quien cometió un error. Debí decirte cómo estaban las cosas.
-Sí, debiste…pero no lo hiciste y quisiera saber la razón.
-No lo sé, Bella –tomó mis manos y me separé de su agarre.
-Si no tenemos confianza suficiente, no podremos casarnos.
-Pero Bella…
-Tengo razón y lo sabes Edward. No sobreviviremos al matrimonio.
-No estoy de acuerdo.
-Edward…

Ahí me quedé, ¿qué más podía decirle? Aquello cambiaba todo para mí, porque según yo nos estábamos casando para alejarnos de nuestras vidas, de nuestras familias, no porque realmente quisiéramos hacerlo. Pero ¿qué razones tenía Edward para irse? No les ocultaba ningún secreto a sus padres. La discusión había empezado con que él me había mentido, pero… ¡era yo la mentirosa! La que se casaba por el interés. ¿Qué ganas podía yo tener de casarme? Viendo día a día como el matrimonio de mis padres se hacía menos llevadero. Era una basura y no tenía derecho a querer a Edward.

-Debo irme –me levanté de la cama y me dirigí a la puerta. Edward me colocó una mano en el hombro antes de que yo saliera de la habitación.
-¿Tú quieres casarte?

Mi corazón se detuvo y me sentí incapaz de voltear a verlo. Pero debía hacerlo. Suspiré y me volteé para mirarlo a los ojos, con la esperanza de que esa mirada miel me enamorara una vez más.

-No lo sé –musité.

Edward me tomó de la mano y me sentó delicadamente en el borde de la cama. Otra vez quedamos frente a frente. Comencé a jugar con un mechón de cabello, no sabía qué hacer, qué decir.

-No tenemos que hacerlo.
-Eso ya lo sé, Edward.
-Quiero saber qué te hace dudar.

Fruncí el gesto.

-Bueno, supongo que no debería preguntármelo –musitó arqueando una ceja –debería saber que hoy fuiste a La Push.

Me mordí el labio. Edward tenía la intuición de Esme y la astucia de Carlisle. Edward y Jacob jamás se habían llevado bien.

-¿Sabes qué día es hoy?
-¿Sábado? –pregunté, aunque sabía que era sábado, lo que no sabía era que respuesta esperaba Edward.
-Sí, es sábado. Es 23 de febrero.
-No es nuestro aniversario –no sabía a qué pretendía llegar.
-No... Hace un año, tal día como hoy te desapareciste un día entero. Fui tres veces a tu casa y me sorprendió que Charlie no estuviese preocupado por ti –fruncí el ceño, esta historia no me la sabía –me preguntaba dónde podrías estar y por qué Charlie no había mandado a toda la policía de Washington a buscarte.
-No sé de qué hablas.
-Es que aún no llego a la parte que tú conoces –sonrió con amargura y continuó –en la noche yo era un manojo de nervios. ¡No habías aparecido en todo el día! No habías ido a trabajar y no me habías venido a ver. Esme me decía que de seguro estabas bien, pero ella misma estaba muy nerviosa, nadie en Forks sabía de ti.
»Cuando fui a tu casa, Reneé me abrió la puerta y su expresión era la misma de cualquier otro día, no comentó nada, esperaba que dijera algo como “ya Bella apareció”, pero no lo hizo. Tu pickup estaba afuera, y eso me hizo pensar que para el único que habías desaparecido era para mí.
»Entré a la casa con timidez. Tú estabas en la sala con Rosalie, y ambas se reían a carcajadas. Me aclaré la garganta y tú volteaste asustada. Te extrañaba verme, y no estabas exactamente feliz. Así que me di media vuelta y salí de la casa. Entré a mi auto y me quedé afuera, esperando. Porque tenía la esperanza de que tal vez saldrías a buscarme, pero no lo hiciste.
»Horas después te asomaste, ya era de madrugada, me pregunté si me llamarías por teléfono pero tampoco lo hiciste. –Mis nervios estaban destrozados, recordaba ese día con mucha facilidad, no sabía qué había sido un día como hoy y mucho menos sabía que Edward había estado ahí –detrás de ti se asomó una figura grande. Quise creer que era Emmet, pero la piel morena no mentía. Lo dejaste salir y te abrazó muy fuerte, recuerdo que los celos me comieron de adentro hacia afuera en ese momento. Luego, me mataron como con veneno. Se te quedó mirando y tú le sonreíste, de una forma que jamás me has sonreído a mí, él se agachó un poco y tú no dudaste en plantarle un beso en los labios. ¿Te imaginas cómo me sentí en ese momento, Bella?

-Edward…yo…
-Tú no sabías que yo estaba ahí. Pero eso no es excusa, porque yo era… ¡SOY! Tu novio. –Negó con la cabeza y me negó el contacto visual –Y al día siguiente viniste como si nada hubiese pasado. Viniste y me dijiste que me amabas. Pero yo no te creí Bella, porque ese día querías que te hiciera el amor, y ya yo no sabía si para ti yo significaba la mitad de lo que tu valías para mí.
-Valía –musité –no valgo lo mismo desde ese momento.
-Eso no fue lo que dije.
-Lo insinuaste.
-Estás volteando las cosas a tu favor.
-No, tú lo estás haciendo. Discutíamos que me habías mentido.
-¿Siempre me has hablado con la verdad?

Abrí la boca y me quedé muda. Edward frunció los labios y las cejas, se levantó y me abrió la puerta. Suspiré y me encaminé hacia afuera.

-Creo que ninguno de los dos ha sido demasiado honesto –musitó. Sentí que con decirme eso me había lanzado una bomba…casi escuchaba cómo el detonador se aproximaba a explotar. Y sabía que no explotaría, que la mayor tortura sería que no lo haría.

Salí de la casa de los Cullen en estado zombie. Entré a mi auto y ahí me quedé, ¿qué clase de basura era?

Edward sabía que había besado a Jacob.
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¿Qué les pareció este capítulo? un poco loco no? sí... bueno, como la semana pasada no subí y esta tuve tiempo, subiré otro capi mañana o el jueves.
Comentarios, por favor ^^

4 comentarios:

  1. AYYY!! esa bella, no haces nada para q me caiga bn XD, jajajajaj me haces odiarla mas ahora, como le es infiel a mi Edi? y se enoja porq esta estudiando medicina? kjajajajjaja Bellas quien las entiende? un besito Robin me enkanto el cp. BYEEEEEEEEE ;***

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  2. MUY BUENO ME DIO PENITA MI POBRE EDWARD PERO BUENO ME DA GUSTO KE BELLA YA ESTE CONVENCIDA DEL AMOR KE SIENTE POR JAKE
    ESTA HISTORIA ESTA AL REVEZ AHORA EDWARD ES EL KE SUFRIRA :)


    ME ENCANTA
    TU HISTORIA


    SIGUE ASI





    :)

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  3. dios pobre edward casi lloro como vio a jacob y bella y bella le dijo ke la amaba y no lo puedo creer lo repito y lo seguire repitiendo eres GRANDE!!!! me encanta y esperare anciosa el siguiente capitulo pero mas a nsiosa espero el capitulo de cuarto creciente

    :) besos t.k.m xD

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  4. TT__TT
    sufri mucho con este capitulo
    jaja
    pobre edward

    ya qiero saber qe pasa:S
    jaja
    sii Bella llega a dejar a Jacob consiguele a Edward una parejaxD
    jaaj pleasee!!
    no me gustaa leer qe esta trizte:(
    jaja
    sube pronto:D
    Besos♥

    PD: este comment lo escribi antier pero no me dejaba postearlo:S
    & lo guarde :$
    besos:D

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Robin Wolfe