21 jun. 2010

Encuentro de Ensueño - Feliz cumpleaños no feliz







Disclaimer: La familia Cullen, Denalí y Vulturi pertenecen a Stephenie Meyer. 


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 Feliz cumpleaños no feliz



El viernes a las once estaba en mi cuarto viendo capítulos repetidos de mi serie favorita, estaba muy entretenida para ser honesta. Cuando el capítulo que estaba viendo se acabó, decidí que ya era hora de irme a dormir; estaba un poco nerviosa, porque a partir de ese momento tenía oficialmente dieciocho años. El corazón me latió más rápido al pensarlo y una sonrisa se dibujó en mi cara.

Mi hermana entró a mi habitación.
—¡¡¡Feliz cumpleaños!!!— Gritó mientras me abrazaba, le di las gracias y me entregó una pequeña caja —. Pensaba esperar hasta más tarde, pero no pude —dijo sonriendo.
Deshice el lazo con facilidad y me dispuse a ver que contenía la caja. Había un juego de collar y zarcillos muy lindo. Eran rojos y dorados.
—Pensé que dijiste que te vestirías de rojo en tu fiesta.
—Sí, gracias Susy —dije colgándome de su cuello.
Luego de eso, Susy regresó a su habitación y apagó la luz. Yo apagué la de mi cuarto también y me metí entre mis sábanas, con la televisión aún encendida.
—Feliz cumpleaños —musitó una voz mientras su aliento gélido acariciaba mi rostro.
—Gracias —musité a mi vez y estiré mis brazos fuera de la sábana para abrazarlo.

..
Cuando me desperté, mi papá y mi mamá había colocado un camino de regalos para mí, me sentí muy feliz y los fui abriendo poco a poco. Eran cosas sencillas, pero que definitivamente me habían hecho felices.

Luego mi mamá hizo mi almuerzo preferido y me picaron una torta. Parecía un cumpleaños perfecto, había recibido llamadas de mis amigos más cercanos y mensajes de texto de los no tan cercanos.

A la hora del crepúsculo, comencé a arreglarme para la fiesta. Era un evento semiformal, así que me coloqué unos jeans y una camisa de color roja, a juego con los accesorios que mi hermana me había regalado. Me puse unos tacones muy bajos color rojo también, para luego comenzar a maquillarme.  Toda la ropa la había comprado con Alice hacía unos días, eso me alegraba, ya que hubiese luchado horas para encontrar qué ponerme.

El maquillaje fue muy natural, suponía que a Edward no le gustaría que exagerara, y tampoco era mi estilo.

Ya estaba lista, pero se suponía que debía esperar a que Rose me fuese a buscar. El corazón me palpitaba con fuerza, estaba demasiado nerviosa. Hoy conocería a los vecinos de Edward, algo que en definitiva ya me traía la cabeza loca. Y aparte de eso, estaría en una casa, llena de vampiros…a diferencia de Bella, no me aterraba no simpatizarles, sino convertirme en su cena.

..

Rose parecía más normal y estábamos subiendo por el ascensor, probablemente porque ella no me cargaría y no estaba dispuesta a aminorar su paso por mí.

Cuando el ascensor se abrió, lo hizo directamente al apartamento de los Cullen, sentí mi corazón subir hasta mi garganta y golpear frenético allí. Le dije que se calmara interiormente, sabía que eso podía alterar a la gran cantidad de vampiros que esperaban allí. Sí, ¡GRAN! Cantidad de vampiros. Esto no sería fácil…y no estaba segura de que fuera bueno.

Alice corrió a mi lado abrazándome para desearme un feliz cumpleaños, le di las gracias y luego me tomó por la muñeca, arrastrándome hasta Emmett, Jasper, Carlisle y Esme. Todos me felicitaron y Carlisle le indicó a Alice que me llevara a conocer al resto de los invitados.

Alice me volvió a tomar por la muñeca e iba dando brinquitos, mientras yo buscaba entre la multitud a Edward. Haciendo eso, noté que la decoración del salón era muy sencilla. Las luces estaban bajas y la mayoría vestía de negro. Me pregunté si es por qué pertenecían a la Guardia Vulturi. Pero Alice no me dio tiempo de hacerme más teorías.

—Este es Aro —dijo mientras el anciano estrechaba mi mano.
—Mary —musité soltándome de su agarre, ¿qué tal si me estaba leyendo la mente? Si las cosas eran como yo pensaba, la existencia de los libros le estresaría y terminaría por arruinar mi cumpleaños.
Alice dio otro saltito, tocando el hombro de un rubio que se encontraba de espalda. Su cabello parecía de mujer, pero se adivinaba hombre por la anchura de sus hombros. Se dio la vuelta y esbozó una media sonrisa, a la vez que estrechaba mi mano.
—Feliz cumpleaños, soy Cayo.
—Gracias, soy Mary — ¿era posible que el amargado Vulturi fuera tan soberanamente guapo? Debía sacudir esas ideas de mi mente. Me reí para mis adentros, echando otro vistazo a mi alrededor, recordando que nadie ahí tenía súper poderes.
—Bien —dijo Alice empujándome hacia otro lado —. Es demasiada gente que presentar. Pero ellos son los más importantes; más tarde verás al Clan Denalí, aún no llegan, viven en el piso de arriba.
—¿Y todos estos son vampiros?
—Ah, cierto. No.
—¿Aro no tiene problemas con que yo sea humana?
—No… su esposa fue humana durante muchos años, ya que a él le encantaba el calor de su piel. Luego la convirtió, pero fue muchos años después de haberse casado, y antes había tenido amoríos que hoy en día manejan el secreto. O bueno, tal vez ya hayan muerto —abrí los ojos como plato —. Oh, lo siento —se disculpó Alice —me entendiste mal. Eso fue hace centenares de años.
—¿Y Marco? —inquirí.
—Él se abstiene de las fiestas, su esposa murió hace más de un siglo, pero no parece superarlo.
—Ah —fue todo lo que pude decir.
—Verás, sabes que ya nada es un mito.
—Creo que estoy bastante convencida.
—Mira aquel hombre de allá —dijo señalándolo con la mirada. Seguí la línea que marcaban sus ojos y vi a un hombre aparentemente anciano, mucho más que Aro, ya que en realidad él se veía joven, de no ser por su piel que se veía tan frágil. Aquel hombre, parado junto a los dulces, se veía realmente anciano y además ¡estaba comiendo! Sí, eso era extraño. Pensé en que tal vez eran pastelillos de sangre y nada más pensarlo, el estómago se me revolvió.
—Es humano —adiviné al observarlo bien.
—No del todo. Es inmortal —dijo Alice en un susurro casi imperceptible.
—¿Inmortal? Pero está comiendo.
—Tiene características humanas, con la vitalidad de un vampiro. Es un Vulturi, y uno de los más importantes, ya que puede pasar perfectamente desapercibido entre ustedes, sus ojos son verdes, no le afecta lo que beba o deje de beber. Come y muy pocas veces bebe sangre. Lo hace cuando se siente sin fuerzas o va a pasar muchos días sin comer.
—¿Y cómo es que es inmortal? ¿Por beber sangre?
—No. Es hermano natural de Aro —. Volví a poner los ojos como platos —. Sí, y es menor —Alice se rió por lo bajo —. Aro le ofreció beber su propia ponzoña para ver el efecto que ésta causaba en él. Fue una especie de experimento y resultó muy bien, obtuvieron a un hombre inmortal. Envejeció y ya lleva treinta años en esa edad.
—¡Wow!, esto sí que no me lo esperaba.
—Lo sé, es genial.
—También hay duendes y elfos, pero no quisieron asistir. Algunos le temen a Cayo.
—¿Por qué a él?
—¿En serio preguntas? —para ser honesta siempre me había parecido aterrador, pero haberlo visto en persona me había hecho pensar que tal vez como Rosalie, el verdadero Cayo fuese un amor de persona. Supongo que estaba equivocada.

La puerta del ascensor se abrió y reveló a tres chicas de belleza impactante, casi tanto como Rosalie. Las tres sonreían ampliamente y caminaban en formación de triángulo. Las Denalí, pensé al instante.

La que lideraba el triángulo era la de cabello rojizo: Tanya. A partir de ese momento, dejé de  ver a las demás. Tanya Denalí, la chica que había querido conquistar a Edward. Por favor, que aquello fuera mentira también. Pensé con ansiedad.

Un aire gélido me rozó el cuello, volteé asustada ya que me había concentrado en Tanya, y mis labios se juntaron con los de Edward, justo después de soltar un gritito por el susto.

—Feliz cumpleaños —musitó pegado a mis labios.

Sentí un hormigueo recorrer mi vientre y mi corazón palpitar más fuerte.

—Gracias —musité mientras me enrojecía, pensando que tal vez había escuchado el latido de mi órgano vital.

—¿La estás pasando bien?
—Sí, Alice me estaba presentando a algunos de los invitados.
—Ah, ni te preocupes, todos son aburridos.
—¡Edward! —gritó alguien a mi espalda. Por favor, no.
—¡Tanya! —gritó él por su parte. —¡Irina, Kate!

Sentía como los celos me invadían, ¿por qué Tanya requería un grito sólo para ella? Traté de calmarme, todo era producto de mi imaginación.

Entonces la pelirroja, de la que ya no tenía dudas de que fuera Tanya, le plantó un beso a Edward muy, muy, pero demasiado cerca de la comisura de sus labios. Un beso sonoro, de esos que te hacen arder en celos. Tragué en seco.

Edward se removió incómodo. ¿Incómodo? ¿Por qué debía estarlo? ¿Esa era la forma habitual de ella de saludarlo? Relájate Mary, todo está bien. Todo está bien.

—Esta es mi novia, Mary —dijo Edward a las tres hermanas.
—Oh, es un placer Mary, soy Tanya —dijo la chica sonriendo —. Feliz cumpleaños.
Sonreí sin ánimos ante su felicitación.
—Yo soy Kate —dijo otra estrechando mi mano. Ni siquiera vi su cara.
—Y yo Irina —dijo la otra.
—Feliz cumpleaños —dijeron las dos al unísono y luego se rieron nuevamente a la vez, haciendo que sus carcajadas aumentaran. ¿Cuál era el chiste? ¿Qué su hermana estaba coqueteando con mi novio, en mi cumpleaños? Si era ése, tendrían que contarlo mejor, porque a mí en verdad, no me estaba haciendo gracia.

1 comentario:

  1. hola...
    me encantooooooooo.......
    espero que sigas escribiendo......

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Robin Wolfe