8 jun. 2010

Encuentro de Ensueño - Fantasía & Realidad





Disclaimer: La familia Cullen, Denalí y Vulturi pertenecen a Stephenie Meyer. 
8
Fantasía & Realidad.

Fui al baño a tomar una ducha para intentar calmarme, me sentía acabada, sentía que mi vida había perdido significado. Durante mis 17 años de vida no había hecho nada que en realidad me hiciera pensar en que mi vida era divertida, y desde que Edward había llegado a ésta, todo había cambiado…y ahora, me hallaba en la ducha, tratando de acompasar mi respiración y dejando que las lágrimas corrieran mientras el agua fría me caía. Parecía no sentir la verdadera temperatura del agua, sentía como si toda mi vida se estuviese yendo por el desagüe.
Terminé de ducharme y regresé a mi habitación, tenía los ojos rojos a causa de las lágrimas, así que regresé al baño para retirarme las lentillas, tuve que hacer mucho esfuerzo y los ojos me dolieron, ya que los lentes se habían adherido a causa del llanto.
Fui de nuevo a mi cuarto, mientras acercaba mi vista a donde se suponía debían estar mis lentes convencionales, era muy difícil de encontrarlos cuando no tenías como verlos. Ahora, ni siquiera recordaba donde los había dejado.
—¿Buscas algo? —dijo una voz a mi espalda. Me volví, tratando de identificar quien era y con un escalofrío recorriéndome, sabía por la voz que no era mi papá, mi mamá, ni mi hermana. —Toma —dijo y se acercó lo suficiente a mí para que lo viera. No sabía exactamente qué hacer ahora. Pero no lo pensé demasiado, salté a sus brazos y él me elevó, sentía como su marmórea piel me abrazaba y me apretaba más a su cuerpo. Me bajó y me entregó los anteojos, me los coloqué un poco apenada, ya que odiaba cómo se me veían. —Te ves muy linda —dijo él adivinado mis pensamientos.
—¿Cómo es qu?…no… ¿dónde? No, no… —no sabía qué decir, o por dónde empezar. Ni siquiera sabía lo que realmente quería saber. Suspiré —supongo que no es importante.
Me miró extrañado.
—Mary… ¿qué quieres saber? ¿Cómo entré?
—Por la ventana…. ¿no?
—No —dijo secamente.
Abrí los ojos como platos y me volví hacia la puerta de mi habitación ¡Estaba abierta! Tenía un vampiro en mi habitación y mi madre podía entrar a verlo. Solté un grito ahogado y comencé a caminar hacia la puerta, pero el brazo gélido de Edward me retuvo.
—Saben que estoy aquí.
—¿QUÉ? —tartamudeé.
—Mary, las cosas son mejores así. Por eso tardé tanto en venir, Carlisle tuvo una larga conversación conmigo sobre la responsabilidad, y de que no es totalmente seguro que salgas conmigo y si algo te pasa, quiero que sepan que fui el culpable.
—Pero nada me iba a pasar Edward Cullen.
—¿Iba?
—Sí, ahora moriré, ¿cómo pudiste? ¿Qué les dijiste?
—Nada…aún. Sólo dije que era tu amigo y que quería verte. Y me dejaron pasar.
Subí una ceja y me senté en la cama, molesta.
—Pensé que sería mejor que ambos le contáramos.
—¡Edward! —Exclamé —. ¡Ni que nos fuéramos a casar! —dije esta vez horrorizada.
—Pero puede pasar, no estarás negándote a esa posibilidad.
Bufé.
—Debí seleccionar las páginas que debías leer. Estás sacando ideas sin sentido
—No son ideas sin sentido —dijo en tono sereno.
—¿Qué es lo siguiente? ¿Me morderás, o dejarás que Carlisle lo haga?
—No quiero discutir eso ahora.
—Bien, tampoco yo. No sé qué tienes en la cabeza Edward.
—Sólo quiero que hablemos con tus padres.
—¡Papá! , ¡Mamá! —elevé mi voz para que me oyeran.
Ambos llegaron en un momento y le hice un gesto a mi hermana desde mi habitación. Ella entró al cuarto y los tres me miraban expectantes.
—Bueno, ya conocieron a Edward —los tres asintieron, sin relajar sus miradas.
—Lo conocí en…una fiesta, es amigo de Vanessa, casi su primo —sonreí. No iba a decirles, es un extraño, lo vi en la calle y le hablé porque se parecía a un vampiro —y bueno, él es…ya saben…
—Soy su novio —dijo Edward en tono formal adelantándose un paso. Las mariposas en mi estómago amenazaron con emprender vuelo. Y mis piernas, con dejarme caer al suelo.
Mi madre sonrió de una forma extraña, parecía que alguien le sujetara la comisura de los labios con alguna especie de pinza, la sonrisa le ocupaba la cara entera. Mi padre no relajaba el rostro, pero sus ojos mostraban cierto brillo que me aturdía. Y mi hermana, bueno, parecía la versión humana de Alice.
Edward comenzó a sonreír también y yo no pude evitarlo. Mi hermana fue la primera en salir de mi habitación, seguida de mi madre, y más atrás mi padre clavando sus ojos en Edward una vez más. Mi madre se devolvió y me llamó con la mano.
—¿Sí? —pregunté cuando estuve fuera de la habitación.
—Parece un buen chico, siempre pensé que tú y Carlos se traían algo —bufé —pero supongo que te gustan los rubios ¿ah?
—No realmente, fue…coincidencia. Y no es rubio en realidad.
—Está bien —sonrió nuevamente y yo no pude evitar que mi cara reflejara lo extrañada que estaba —. ¿Me vas a decir dónde estabas ayer?
—Hmmm… En su casa.
—Sabía que había algo raro, pero decidí confiar en ti
—Gracias.
—Bueno, diviértanse, si quieres se puede quedar a cenar.
—¡No! —dije dos octavas más altas de lo que pretendía. Sonreí nerviosamente ante la sorpresa de mi madre —es que…sus padres son muy conservadores, y…. siempre cenan en familia. Tiene cuatro hermanos y es su tradición.
—Ah, en ese caso. Estaré pendiente de que no se vaya tarde.
Volví hacia mi habitación y me quedé observando a Edward.
Caminé hacia él y comencé a palparlo. Acaricié su cabello y se lo despeiné, baje mis manos a su cara, acariciando su rostro: frío y pétreo, acaricié sus brazos. Y suspiré. Edward me miraba confundido pero no rechazaba mi tacto.
—Pasa algo —no era una pregunta.
Las lágrimas comenzaron a agolparse en mis ojos y Edward sin dudarlo posó sus manos en mis mejillas, esperando que las lágrimas comenzaran a caer, cuando lo hicieron, él las secó delicadamente con el dorso de su mano.
—Te fuiste —dije con la voz entrecortada.
—¿De qué hablas Mary? No me he ido a ningún lado.
—Ya no sé si eres real Edward. Desapareciste, tú y tus libros, toda tu historia, no contestabas el teléfono y no estabas aquí.
—Mary —entrelazó mi mano con la suya —me sientes ¿no es así? —me quedé quieta, sin responder. Llevó nuestras manos entrelazadas y las colocó en el hueco que debería ocupar su corazón —. Soy real, Mary y soy tuyo.
—No sé, Edward. ¿Por qué desaparecieron los libros?
—¿Qué importan los libros?
—Me da miedo, Edward —dije gritando —, me da miedo que tú desaparezcas como ellos.
—¿Es eso? —esbozó esa maldita sonrisa torcida. ¿Por qué? ¿Por qué era tan perfecto?
—No es gracioso, Edward Cullen.
Pasó sus manos por mi espalda, abrazando mi cintura y me acercó a su cuerpo. Mi cara quedó a la altura de su cuello y él me abrazó con más fuerza, sin temor a hacerme daño, me plantó un beso en la coronilla y comenzó a hablar con su frío aliento rozando mi cabello.
—No desapareceré, Mary. Soy real y estoy aquí. Si me fuera, te lo diría y te daría una explicación. Eres lo más importante en mi vida ahora.
Las palabras eran hermosas, pero ¿lo más importante en su vida? ¿No era yo su vida? Tal vez el Edward real no era tan perfecto como el del libro. Los libros parecían exagerar cualquier cosa, excepto por su belleza, para la que me parecía el libro no hacia justicia. Pero su forma de amar, ¿estaba quedando corta en la vida real? ¿O ya mis expectativas eran muy elevadas? ¿Acaso no me acababa de decir que él era mío? Mi cabeza era un revoltijo, estaba confundida entre mi realidad y la fantasía del libro, todo parecía estarse mezclando.

Mis piernas me comenzaron a temblar, mientras mi cabeza daba más vueltas.
—Edward —musité y lo siguiente que recuerdo es un fondo oscuro y una fila de espirales púrpuras.
                                                           ..
—¡Mary!
—¡Por favor Mary!
Las voces se oían lejanas, me sentía atrapada en un laberinto de espirales, del que no podía salir. Las voces…me llamaban a mí, pero yo no sabía dónde estaban. Sólo veía espirales.
Sentí un olor diferente, colocado justo bajo mi nariz y abrí los ojos. Mi papá, mi mamá, mi hermana y…Edward estaban ahí. Me había desmayado. ¡Qué horror!
—¿Estás bien? —preguntó Susy tomando mi mano. Su mano estaba hirviendo —. ¡Estás helada, Mary!
Edward me alargó su mano para ayudarme a levantarme, ¡vaya! Realmente estaba helada, porque la piel de Edward me llegó a parecer cálida.
Me senté en el suelo y traté de calmar a mi mamá que parecía muy preocupada.
—Tranquila ‘má, creo que estaba…nerviosa. Y no comí bien.
Mi mamá asintió, y los tres salieron de mi habitación.
Edward se quedó observándome.
—Esto es nuevo para mí.
—Y para mí —afirmé.
—¿Te desmayaste?
—Sí, eso…creo.
—¿Por qué?
—Porque estaba muy confundida Edward, ya no sé distinguir entre la fantasía y la realidad.
—No hay nada de fantástico en todo esto. Todo es real.
—Pero…
—No hay peros Mary. Soy real, eres real.
Exhalé aire y asentí con la cabeza baja.
—Alice quiere ir de compras contigo mañana. Dice que cree que tú sí te sabes divertir en una fiesta y decidió organizar todo contigo.
—¿Será segura una fiesta de cumpleaños?
—Claro que sí, conocerás a nuestros vecinos y Jasper se comportará, lo prometo.
—¿Tus vecinos?
—Me pareció…hmmm, no sé, pensé que querías conocerlos.
—Sí, me llenaste de intriga. Sólo me pregunto… ¿Sigue siendo Jasper el más peligroso si tus vecinos están alrededor?
—Sí —dijo Edward en una sonrisa torcida.
—Si no son humanos… ¿qué son?
—No puedo decirte, aún. Ten paciencia.
—Eduardo —dijo mi madre parada afuera de mi habitación, mi madre era un desastre con los nombres y yo me sonrojé por su equivocación, pero a Edward no pareció importarle —no te vayas muy tarde.
—Ya, me voy en un minuto.
—De acuerdo —se alejó a paso lento.
—Habla con tus padres. Diles que mañana irás de compras con mi hermana y que en tu cumpleaños eres nuestra.
—Mañana tengo clases.
—Pero no todo el día. Alice tiene tiempo de sobra.
—Ok.
—Bueno, supongo que debo irme. Aunque volveré más tarde, tardaré. —rodó los ojos y contemplé que el borde se comenzaba a oscurecer.
—¿No has ido de caza?
Se rió entre dientes.
—No hay mucho donde cazar aquí, es una ciudad.
—¿Y qué comen…beben…lo que sea?
—Por eso me tardaré. Viajamos un largo trecho.
—Todo por la dieta —dije con una sonrisa.
—Te ves mucho más bonita cuando sonríes —me besó con delicadeza los labios, apenas rozándolos con los míos.
Sentí que me sonrojaba, pero volteé al espejo y comprobé que seguía pálida.
Edward salió de la habitación y yo salí detrás de él.
—Fue un placer, señor Gómez —mi padre estrechó su mano, sin dejar de mirarlo a los ojos.
—Mucho gusto, Eduardo —dijo mi madre, dándole un abrazo por un solo lado.
—Igualmente, señora.
—Cuida a mi hermana —le dijo Susy, haciéndole un gesto con la mano.
—Bueno…bajaré a abrirte la puerta.
—Mary, no estás muy bien. Deja que baje Susana.
—Es mejor que reposes, Mary —dijo Edward.
—Bien —dije en tono de resignación.
Susy lo acompañó y yo regresé a mi cuarto, me acosté en la cama, el estómago me sonaba, tenía mucha hambre, pero caí presa del cansancio en un sueño profundo. 



Gracias por sus comentarios de la semana pasada, me alegra saber que les gusta la historia :) 

3 comentarios:

  1. ya quiero saber q mas pasa, publica otro capitulo. ya quiero saber como le va ir con alice porfavor siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

    ResponderEliminar
  2. ME DA MUCHA GRACIA...
    EL PROXIMO CAPITULO SI ES DONDE SE PRESENTAN LOS VECINOSSS..SERA LO MEJORRR..!!!
    SON UNOS CUANTOSSS...Y MUY DIFERENTES DIRIA YOO..JAJA
    ME ENCANTA LA HISTORIAAA..
    EL CAP FUE MUY BUENOOO..
    BESOS ENORMES.S.!!!

    ResponderEliminar
  3. Kee gans de saber ke pasaraa ! :D
    Besos desde España ! (:

    ResponderEliminar

>>Déjame tu comentario para conocerte a ti y a tu opinión =P
Robin Wolfe